Prommanee y los ataúdes


La ciudad de Bangkok, con nueve millones de habitantes, es la capital de Tailandia. A unos cien kilómetros al noroeste existe un templo budista llamado Prommanee, donde un grupo de monjes ofrece una alternativa especial para comenzar una nueva vida y huir de los problemas económicos.02e376b0c2

Por la módica suma de unos pocos dólares, cualquier persona puede ingresar al lugar y permanecer durante varios minutos encerrado en un ataúd, como si hubiera muerto realmente. Los monjes afirman que los visitantes tienen que tumbarse en estos cajones mortuorios y simular haber fallecido para desprenderse de la mala suerte e iniciar una nueva vida, alejarse de un mal karma e incluso limpiar alguna equivocada acción provocada en esta existencia mundana.tailandesas-casaron-recostaron-ataud-felicidad_MILIMA20150214_0159_3

Mientras tanto, los sacerdotes del templo murmuran oraciones ininteligibles y dicen que luego de la ceremonia que dura casi una hora y media, el alma renace y queda libre de cualquier enfermedad o daño psicológico, lista para comenzar una existencia nueva. Obviamente antes de iniciar el rito se debe abonar cinco dólares, con los que se paga la entrada al ataúd, una caja de vendas, fósforos, velas y otros artículos que se ofrecen como donación a los monjes que viven allí. Esto es un mero formalismo, porque los encargados del ritual vuelven a colocar todo, una y otra vez, para que sean reutilizadas y vendidas nuevamente.fotonoticia_20141211133211-14121126969_600 Los participantes, antes de encerrarse en el cajón, deben recitar versos budistas para invocar la protección del Buda de los Labios Rojos, una de las imágenes más veneradas de Tailandia. Al referirse a esta ceremonia los monjes hablan de un “renacer” porque para ellos el alma muere y vuelve a nacer limpia y sin pecados. El budismo en Tailandia, se nutre de supersticiones de todo tipo, sumando creencias de otras religiones, lo cual ayuda mucho para ofrecer por algunas monedas, talismanes, colgantes y amuletos bendecidos por los dueños del templo.

Resumiendo, podría decirse que en las cajas grandes de los ataúdes quedan las almas pecadoras, y en la caja chica de los monjes quedan los dólares de los vivos.

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