Ray Holmes, el héroe


_41241417_rayholmes203280Durante el desarrollo de la Segunda Guerra Mundial, Hitler estaba decidido a acabar con Inglaterra sea como sea. Y decidió atacar Londres en 1940, dándole a los ingleses un definitivo golpe de gracia bombardeando nada más ni nada menos que el mismísimo Palacio de Buckingham

La mañana del 15 de septiembre de aquel año, cuatrocientos bombarderos alemanes enfocaron su arsenal aéreo hacia la capital británica. Las alarmas comenzaron a aullar e inmediatamente salieron de las bases los aviones cazas ingleses para defenderse del ataque. Comenzaba así, lo que se conoce como la Batalla de Inglaterra.

En un momento de tamaña lucha aérea en cielo londinense, uno de los aviones nazis encontró un hueco para atacar directamente el palacio.  Desde su avión, el sargento británico Ray Holmes advirtió la maniobra del alemán pero muy poco podía hacer ya que se había quedado sin municiones y estaba iniciando el regreso para reabastecerse.  Ante la imposibilidad de abatir con disparos al bombardero de Hitler, ideó una extraña pero efectiva forma de ataque: sencillamente lanzarle su propio avión Hurricane sin medir las consecuencias.

Aquel golpe seco, cortó la cola del avión alemán que se precipitó a tierra estrellándose en medio del humo y el fuego de defensa.  Si bien la acción fue letal, el avión del inglés también sufrió las consecuencias y Holmes solo atinó a desviar su aparato unos pocos grados a efectos de que no se estrellara contra su propio palacio. Tres segundos antes de impactar contra la tierra, el arriesgado piloto se lanzó en paracaídas. Su avión acabó semienterrado en la carretera de acceso al Palacio de Buckingham y Ray Holmes fue condecorado como héroe nacional.

Por cierto, los restos del avión quedaron enterrados allí hasta el fin de la guerra. Luego la carretera se repavimentó y los pedazos del aparato ya no se vieron más. Sesenta y cuatro años después, en 2004, el gobierno inglés decidió recuperarlos y fueron extraídos de abajo del cemento de la carretera. Al evento concurrió como estrella principal el intrépido Ray Holmes, ya octogenario, tal vez uno de los pocos pilotos que sobrevivió al choque de dos aviones.


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