El Árbol que grita


gran-kuduEn el año 1985, el zoólogo Wouter Van Hoven de la Universidad de Pretoria, se dedicó a investigar la extraña muerte de casi 4.000 kudús, los simpáticos antílopes de la sabana de Africa del Sur.

Lo trágico del caso es que los animales estaban bien cuidados en la reserva Kruger y sin embargo prácticamente habían sido diezmados pese al control que había sobre ellos.

Del otro lado de los alambrados, sus congéneres pastaban llenos de vida y eso llamó la atención de los criadores que no le encontraban lógica al desastre.  Cuando se inicia la autopsia de los antílopes, Van Hoven se da cuenta sin duda alguna, que los animales habían sido envenenados, pero eso no tenía sentido ya que los cuidadores, únicos autorizados a controlar a los animales, eran de extrema confianza.

El zoólogo, como buen detective, comenzó a descartar las posibilidades una por una y analizando los excrementos de los kudús empezó a sospechar de un asesino serial que habitaba en la reserva. El problema es que no se trataba de un animal, sino de un árbol.  En efecto, la mira de la investigación se fijó en…las acacias que habían plantado en gran cantidad y muy juntas.

El zoólogo presentó una hipótesis alocada. Decía que las acacias eran capaces de segregar grandes dosis de un poderoso tanino tóxico si se sentía atacada. Para comprobar su idea, se internó en la maleza y con un aparato mecánico que imitaba las dentelladas del kudú, lastimó las plantas. Inmediatamente la acacia replicó y en un cuarto de hora aumento casi un 100 % su producción de tanino. Hasta aquí no hay nada realmente asombroso, ya que muchas plantas segregan jugos cuando se ven dañadas o son agredidas. Lo hacen como lo hacemos los humanos, produciendo anticuerpos.

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Lo simplemente increíble es que en el caso de la acacia kaffra, esta especie de la reserva, es que  con total certeza, una planta lastimada es capaz de avisar y prevenir a sus semejantes de los ataques de un antílope para que se protejan.   La observación del equipo de Van Hoven, comprobó que el aumento de tanino no afectaba sólo a los árboles mordidos, sino también a sus vecinos no atacados. Es como si la primera planta lastimada gritara y diera la voz de alarma para que sus compañeras cercanas produzcan rápidamente una defensa. Y funciona!.

Los antílopes en cautiverio no se alimentan igual que los animales libres que encuentran repugnante el sabor del tanino. En la reserva se ven obligados a comer de los mismo árboles, dejan de morder una acacia y aún sin terminar su bocado intentan con otra. Para ese entonces la segunda planta ya tiene la defensa armada y contamina rápidamente al animal.  No se sabe cómo es posible esto, pero algunos botánicos, creen que el mensaje se transmite por efecto del etileno, una sustancia química conocida que se produce en las hojas masticadas, para luego ser llevadas por el viento hasta el árbol vecino y estimular la secreción de más tanino tóxico. La acacia se defiende antes de ser mordida, gracias al aviso que le dio su vecina cercana. Así de simple y así de increíble.

Mágico y maravilloso mundo el nuestro…

 

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