Anaxágoras, el pensador


descarga (16)En la Grecia de otros tiempos las cosas se tomaban muy en serio. Uno de los hombres más respetados y al mismo tiempo discutidos de Atenas, fue Anaxágoras, el primer pensador extranjero en establecerse en esa ciudad.

Anaxágoras había nacido en Clazómenas, territorio de la actual Turquia en el 500 a.C. y llegó a Atenas hacia el año 483 antes de Cristo.  Era tan inteligente y didáctico que sus charlas nucleaban a gran cantidad de alumnos que luego se destacaron en diferentes ramas, tales como el dramaturgo Pericles o el filósofo Sócrates.

Anaxágoras, además de ser un estudioso de todo lo relacionado con la vida misma, era un tremendo observador de la naturaleza, apoyándose en la experiencia, la técnica, el cálculo y la memoria. 

Fue tal vez, el primero que le dio una explicación razonable a los eclipses, fenómenos estelares que para ese entonces llamaban mucho la atención de los hombres sabios. Anaxágoras se pregunta por ejemplo, cómo podría surgir algo de una cosa que no existe. Llega a la conclusión de que para que algo surja ha de estar antes presente en aquello de lo cual procede.

Es decir: llega así al principio Todo está en Todo y se convierte de ese modo en el precursor, hace 3000 años, de la teoría de los átomos.descarga (15) Anaxágoras fue un hombre increíble y fundamentalmente ateo, pero  tan observador que pudo desentrañar cómo respiraban los peces mientras estudiaba la anatomía del cerebro humano, entre otras cosas.

Era un hombre feliz, pero su alegría se vio empañada cuando los atenienses lo condenaron a la cárcel por la gravedad de sus pensamientos. Logró escapar y abandonó la ciudad que había elegido para vivir y experimentar sus creencias.images (10) Todo eso se debió a una afirmación rotunda que no estaba dispuesto a negociar:  Anaxágoras sugirió que el Sol, esa fuente lumínica que todas las civilizaciones respetaban, no era nada más que una masa de hierro candente de varios kilómetros de diámetro y que la Luna, otra deidad para muchos pueblos, era solamente una gran roca que procedía de la Tierra y flotaba en el Universo  reflejando la luz del Sol. 

Era tan temeraria su certeza, que el pueblo ateniense lo tomó como un insulto de proporciones y nunca se lo perdonó.

Esta firmeza le costó la expulsión de Atenas.  Marchó a Jonia y se estableció en Lámpsaco, una colonia de Mileto, donde apenado por tan injusto castigo, se dejó morir de hambre a los 72 años.

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