Aristóteles y sus errores


images (1)Trescientos ochenta y cuatro años antes que naciera Cristo, llegaba al mundo, en Grecia, un hombre muy especial. Se llamó Aristóteles, nombre que proviene del griego antiguo y significa “el mejor final”.

Se lo considera “el padre de la ciencia” ya que su sabiduría, aún con decenas de errores, recorrió una enorme variedad de temas, que van desde la lógica hasta la metafísica. Sus intereses abarcaron el mundo natural y humano, el arte, la ética, la retórica, física, astronomía y biología entre otras. Escribió 200 tratados de gran variedad, de los cuales sólo han llegado hasta nuestros días apenas 30. Creó un sistema para clasificar a los seres vivos, muy parecido al que se emplea actualmente, pero sin embargo, sus teorías a menudo adolecen de defectos muy graves.

Por ejemplo, Aristóteles, estaba convencido que el cerebro era el responsable de enfriar la sangre y que la inteligencia era manejada por el corazón. Decía que la carne generaba gusanos en forma espontánea. Él creía, con gran dosis de error, que un cuerpo pesado caía más rápido que uno liviano y que a medida que se acercaba al suelo iba más rápido porque se alegraba de acercarse a la tierra…Afirmaba que el aire era el causante de los terremotos cuando por alguna razón intentaba escapar de la Tierra.  Todos estos conceptos se basaban en una simple observación, sin proceder a probar lo que se veía, apelando sólo a la lógica y basándose en un concepto equivocado de las propiedades de la física que rigen el Universo.

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Su teoría sobre los terremotos, por ejemplo, surge del convencimiento de que toda materia era el resultado de la mezcla de agua, aire, tierra y fuego. Aristóteles pensaba que cada elemento tenía un grado particular de peso o “gravedad”. Por ejemplo, el fuego que se eleva por el aire era el más ligero y la tierra el más pesado. La gravedad aumentaba en el centro del planeta y el planeta a su vez era el centro del Cosmos. Como no tenía explicación para dar a entender como era posible que las estrellas flotaran sobre nuestras cabezas, propuso un quinto elemento que las mantenía en suspensión: el éter, sin gravedad.

Creía que los insectos y los peces nacían espontáneamente de la humedad y el sudor. Decía que la parte izquierda del cuerpo es más fría que la derecha, estaba seguro que el hombre era el único ser vivo con músculos en sus extremidades y aunque suene increíble estaba convencido que las moscas tenían cuatro patas. Afirmaba que los elementos voladores, flechas, lanzas, etc, eran manejadas por la atmósfera y que la sangre de las mujeres es más espesa que la del hombre. Como tenía dos o tres conocidos dormilones y seguramente de gran cráneo, aseveraba que la gente con cabeza grande duerme más que el resto.

Más allá de sus ideas y sus convicciones muchas veces equivocadas, su mayor error fue no creer en Demócrito, otro filósofo y estudiosos griego que había nacido 76 años antes y que afirmaba que el cosmos estaba formado por pequeñas partículas a las que bautizó como átomos.  Aristóteles consideraba eso una burla al sentido común, por el sólo hecho de no ver esas partículas. Todos los graves errores de Aristóteles se produjeron porque a nadie en esa época se le ocurría demostrar una teoría. Sencillamente se observaba y se sacaba una conclusión sin pruebas precisas. Eso recién sucedió en el siglo XVII, casi 2000 años más tarde, cuando Francis Bacon introdujo el razonamiento de comprobar con hechos lo que se piensa que es una realidad: el conocimiento empírico.

Las afirmaciones de Aristóteles, en muchos casos, retrasaron el avance de la ciencia durante siglos, por el solo hecho de dar por ciertas algunas de sus afirmaciones. A pesar de todo, a Aristóteles se le llama el “padre de la ciencia” porque sentó el principio de que una teoría era válida sólo si nacía de la observación del mundo en que se vive. Y ese es, sencillamente, el fundamento de toda ciencia.


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