Cimientos Humanos


El 1 de septiembre de 1923, un gran terremoto asoló la región de Kanto, en Japon.  Ese dia, más de 5000 edificios se derrumbaron y muchos más se incendiaron. Al día siguiente, dos tercios de la ciudad estaba en ruinas y casi 100.000 personas habían muerto.300px-Himejicastle17 306919345_772f33ab19 japon-con-la-mente-abierta-3-154

Pero esta no es nuestra historia de hoy, si bien están emparentadas. Después del terremoto, uno de los mas siniestros de toda la historia, se organizaron grupos de ayuda y reparación. Justamente cuando un grupo de obreros estaban reparando el Castillo de Edo, trabajaron sobre los cimientos e hicieron un descubrimiento macabro.

Hallaron un conjunto de esqueletos humanos aplastados.  Estaban tendidos, con las manos en señal de oración y con monedas de oro dispersas sobre la cabeza y los hombros. Estos cuerpos obviamente no eran victimas del reciente terremoto, sino que llevaban allí casi tres siglos.

Las osamentas eran de sirvientes de los shogunes de Tokugawa, la familia mas poderosa del Japón. Cuando se cimentó el castillo donde después vivieron los monarcas, los sirvientes se ofrecieron voluntariamente para ser enterrados vivos, en la creencia de que un edificio construido sobre carne viva, sería indestructible e inexpugnable.  El castillo se terminó de construir en el año 1640.

Un francés, Francois Caron, escribió en el siglo XVII sobre este hecho. Decía: “Iban con gusto al sitio designado y recostados allí, dejaban que les pusieran encima los cimientos de piedra”.

Muchas piedras similares pueden verse aún hoy en las puertas del castillo de Hirakawa, pero no se sabe cuántos cuerpos hay bajo los cimientos de éste y otros tantos castillos y templos del país de los terremotos.  Japón es un punto geográfico vulnerable a los sismos.  Sus islas están asentadas sobre tres placas geológicas movedizas cuya actividad hace del país el lugar con más temblores de tierra.  Sólo Tokio tiene un promedio de tres temblores evidentes por mes y los incendios que a menudo le siguen son llamados “flores de Edo”.

Curiosamente ninguno de los templos o castillos más famosos ha sucumbido a los temblores, pero nadie puede afirmar con certeza que eso sea obra de los esclavos suicidas o por el contrario es simplemente mérito de los muy bien diseñados cimientos.

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