El Gran Blondin


Jean Francois Gravelet. "Blondin"

Jean Francois Gravelet. “Blondin”

El 30 de junio de 1859, el francés Jean Francois Gravelet, de 35 años y más conocido por su pseudónimo de Charles Blondin o El Gran Blondin, recorrió los 335 metros que separan las dos riberas del rio Niágara sobre una cuerda, cincuenta metros por encima de las aguas embravecidas de las cataratas.

Miles de espectadores lo ovacionaron cuando llegó del otro lado y seguramante para él fue la coronación de muchos años de sueños. Desde los 5 años, su padre que era acróbata, empezó a enseñarle el arte de caminar sobre la cuerda floja. Por eso, después de cruzar las cataratas del Niágara, esto se volvió una costumbre para este loco del equilibrio. No contento con el recorrido a pie, comenzó a idear pruebas cada vez más peligrosas y audaces, como caminar con los ojos vendados o empujando una carretilla, o con los pies en una bolsa o más aún, sobre zancos.

Su representante se llamaba Harry Colcord y era el que lo empujaba a facturar cada vez más. Por eso tal vez, se animó a subir a hombros de su artista y encomendándose a todos los santos, cruzó otra vez el Niágara jugándose la vida pero ganando millones. Fue en la mañana del 19 de agosto de 1859. Cuenta Colcord que la aventura fue una pesadilla ya que Blondin casi pierde el equilibrio seis veces, aunque finalmente llegaron a destino y fueron noticia de primera plana.

La caminata sobre cuerda floja más singular tuvo que ver con el buen dominio de la cocina, algo que como buen francés Gravelet dominaba. Esa vez cargó una pequeña cocina hasta la mitad de la cuerda que pendía sobre el Niágara. Y con calma y en perfecto equilibrio, preparó y se comió una tortilla de huevo.

Con su representante al hombro

Con su representante al hombro

Blondin también realizó  pruebas no menos peligrosas en otros lugares. En 1861, en el Cristal Palace de Londres, una multitud observó incrédula cómo este arriesgado artista daba saltos mortales sobre la cuerda floja, en zancos y sin red, a más de 50 metros de altura sobre la avenida.  Cuando cumplió 50 años, caminó sobre una cuerda floja entre los mástiles de dos barcos, mientras se destaba una tormenta en pleno mar.

Su última actuación ocurrió en Belfast, Irlanda, en 1896, cuando ya había superado sus 72 años de edad. Cada actuación de Blondin era vista por miles de ansiosos espectadores, y siempre se especulaba con una falla, un mal movimiento y la caída al vacío con la consiguiente muerte del loco del aire.  Nunca ocurrió nada de eso. Blondin murió en Londres el 19 de febrero de 1897 en un lugar muy alejado de las alturas: su propia cama y de diabetes.


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