El Portaaviones de Hielo


descarga (12)Durante la Segunda Guerra Mundial, las ideas armamentistas muchas veces superaron la ficción con proyectos disparatados que, en la mayoría de los casos, no salieron de la mesa de diseño. Entre 1941 y 1942, Alemania dominó el Atlántico con una fuerza naval que hizo trastabillar a los aliados, hundiendo gran cantidad de barcos que partían con material bélico de EEUU a Europa.

 

No había manera de cuidar esos barcos ya que no se poseían suficientes portaaviones para apoyar con naves aéreas toda el área de peligro. Por ese motivo, se invitó a los creativos a desarrollar ideas innovadoras al solo efecto de contrarrestar aquel poderío nazi. Todo proyecto nuevo era bien recibido por disparatado que pudiera parecer. Asi nació la idea de construir un enorme portaaviones de tamaño descomunal, propuesta presentada por el científico Geoffrey Pyke.

Geoffrey Pyke

Geoffrey Pyke

Sin embargo, lo curioso del asunto no radicaba en el tamaño sino en el material. Efectivamente Pyke desarrolló su inventiva y aseguraba que su nave podría ser totalmente hecha de…agua. Más precisamente de agua helada o sea, de hielo. Este científico, de aspecto desaliñado y con fama de no bañarse en días, era famoso por sus ideas alocadas, (una de las cuales era crear dobles con la imagen de Hitler para que se presentara en los campos de batalla y les indicara a sus soldados alemanes que se dejaran vencer) basaba el proyecto del portaaaviones de hielo en la resistencia de los iceberg y su capacidad de resistir un bombardeo sin agrietarse. Hizo varias pruebas y concluyó que lo mejor era mezclar agua con un poco de aserrín, lo cual al congelarse formaba un material tan fuerte como el hormigón con la particularidad de su enorme flotación y poco derretimiento.

Este material fue bautizado como “pykrete” en su honor. El mismísimo Winston Churchill dio el visto bueno para iniciar su construcción. Así se creó una nave de prueba. Podría alcanzar los 1200 metros de eslora, 180 metros de manga, 5º metros de calado y más de 2.000.000 de toneladas de desplazamiento. Se iba a construir en Canadá y se iban a emplear 280.000 bloques de hielo. La nave podría llevar 150 cazas y bombarderos y cargaría 40 torretas de cañones de grueso calibre. Sería propulesado por generadores y 25 motores externos, para evitar que se derritiera el hielo. El superbarco llevaría un equipo lo suficientemente importante como para mantener helado el pykrete y permitir una navegación tranquila a 10 nudos.

Se lo bautizó como Habbakuk, nombre de un antiguo profeta bíblico del Antiguo Testamento y comenzaron las pruebas en un frigorífico londinense donde experimentaba las etapas del congelamiento.

Sea como fuere, lo cierto es que las posibilidades del pykrete sorprendieron a los jefes de Estado, almirantes o primeros ministros de las fuerzas aliadas, que aprobaron un presupuesto considerable para construir un prototipo de reducidas dimensiones que probara la viabilidad del proyecto. El prototipo comenzó a construirse en el lago Patricia, situado en un lugar de difícil acceso del parque nacional de Japer en Canadá, un enclave lo suficientemente aislado como para ocultar un prototipo de 18 mts. por 9 mts. y de un peso aproximado de 1.000 toneladas que se mantendría refrigerado gracias a un motor de un caballo de fuerza.habakkuk0ot el_habbakuk_o_portaaviones_de_hielo

Los bloques de hielo eran trasladados desde el lago Louise, Alberta, Canadá. Los trabajadores construyeron una gigantesca base que descansaba sobre la superficie del lago. Sobre ella erigieron el armazón del prototipo, que después se cubriría de bloques de pykrete. Si el prototipo funcionaba, se esperaba que los canadienses acabaran de construir el buque en 1944, para lo cual necesitarían 300.000 toneladas de pulpa de madera, 25.000 toneladas de tableros de fibra aislante, 35.000 toneladas de madera y 10.000 toneladas de acero. Los canadienses, que no sabían lo que estaban construyendo, bautizaron el proyecto como El arca de Noe. De hecho, las complicaciones obligaron  a retrasar la entrega del prototipo y a solicitar más acero para terminarlo, lo cual incrementaba, una vez más, los costes. La situación llevó al Reino Unido y a Canadá a solicitar fondos a Estados Unidos, algo que este país aceptó con una única condición: expulsar del proyecto a Geoffrey Pyke al cual consideraban creativo pero peligroso.

De esta manera  el ideólogo del Proyecto Habbakuk se vio desvinculado de él. Este desgraciado suceso fue, según afirman algunos, la gota que colmó el vaso de la cordura de Pyke, quien se suicidó poco tiempo después.

Lo paradójico del caso es que un barco que iba a ser fabricado con hielo para reducir los costes y sustituir al caro acero iba a necesitar mucho más de este último material de lo que se podía imaginar. Kilómetros de tuberías de acero para refrigerar el barco y la construcción de las centrales eléctricas y sus motores e, incluso, de una enorme fábrica-congelador para producir el pykrete requerían toneladas y toneladas de acero. Todo ello, unido a la aparición de una iniciativa mucho más importante para el Ejército estadounidense, el Proyecto Manhattan, contribuyó a que el portaaviones de hielo se fuera “diluyendo” en el olvido.  Los Aliados concluyeron en que “El gran Habbakuk II de pykrete ha resultado ser poco práctico debido a la enorme producción de los recursos necesarios, lo que además se une a las enormes dificultades técnicas que entraña”.

Decenas de planos, cientos de hojas con apuntes técnicos y trazos de ingenieros, y un nuevo material –el pykrete, al cual después de tantas décadas aún no se le ha descubierto una posible utilidad– fueron el legado de un innovador proyecto que brilló más por su originalidad que por ser útil. Con su suspensión, aquel primer prototipo construido en el lago Patricia permaneció intacto durante todo un año, tras lo cual… se derritió. Hoy el esqueleto del Habbakuk permanece hundido en el fondo del lago Patricia .

En el borde del lago hay una placa conmemorativa que recuerda el lugar donde se gestó uno de los proyectos más extravagantes de la II Guerra Mundial.

Placa conmemorativa en el Lago Patricia, Canadá.

Placa conmemorativa en el Lago Patricia, Canadá.

 

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