El Milagro de Calanda


11662707El caso sucedió en el año 1640 y tiene por protagonista a un joven llamado Miguel Juan Pellicer, nacido en el pueblo aragonés de Calanda, en España.

A los 20 años este joven sufrió un accidente que cambió su vida. Cayó de un carro que estaba conduciendo, una de las ruedas le pasó por encima y le quebró la tibia en su parte central, comenzando allí un largo peregrinar de médicos hasta que finalmente, viendo una posible gangrena, le fue amputada por debajo de la rodilla en el Real Hospital de Nuestra Señora de Gracia, en la ciudad de Zaragoza.

Fue atendido por el cirujano Juan de Estanca que era catedrático de medicina de la Universidad zaragozana. Miguel Beltrán y Diego Villanuelo fueron los médicos ayudantes al momento de cortar el miembro. Realizado esto, el joven ayudante Juan Lorenzo García fue el encargado de enterrar la pierna en el cementerio local, en los terrenos habilitados a tal efecto. Nunca supusieron estos hombres que tiempo después iban a tener que declarar como testigos de aquella rutinaria amputación.

Se le colocó una pierna de madera y se le facilitaron muletas en la primavera de 1638. Sin trabajo y luego de pedir limosna durante algunos meses, Miguel decidió regresar a su pueblo natal a principios de 1640. Allí trabajó junto a su familia hasta que sucedió lo que nadie pensaba. El 29 de marzo de ese mismo año, luego de una ardua jornada, regresó a la casa paterna y su madre le preparó una cama en la habitación matrimonial puesto que la suya había sido ocupada por un soldado de caballería recién llegado al pueblo al que, por costumbres de la época, había que dar asilo obligado.

Miguel se durmió enseguida, no sin antes quejarse por un dolor desacostumbrado en su muñón. Poco antes de las once de la noche, la madre ingresó en la pieza y observó algo que no lograba entender. Vio que por debajo de los abrigos de la cama se veían los dos pies de su hijo. Rápidamente lo despertaron y aunque estaba en un estado de sopor, confirmaron que la pierna estaba allí, sin poder explicar cómo. Además, en ella se observaban viejas cicatrices de joven, como por ejemplo una mordida de perro y una lastimadura mal curada. Como al momento del accidente Miguel no había completado su desarrollo, la pierna reconstituida, era levemente más corta que la otra.

El caso tomó rápida repercusión y pasaron dos meses hasta que el joven pudiera caminar bien, aunque con una notoria renguera. Se levantaron actas del fenómeno y puede considerarse como el “milagro” más documentado de la historia. Médicos, ayudantes, vecinos, autoridades locales, autoridades eclesiásticas, el soldado de caballería, familiares y hasta dos mesoneros zaragozanos notificaron como testigos en el acta original que permanece con todo protocolo, nombres, apellidos y fechas, en el Ayuntamiento de Zaragoza.

La noticia llegó al rey Felipe IV quien recibió a Miguel Pellicer y besó su pierna en señal de respeto divino. La Iglesia inició una profusa investigación y finalmente declaró el caso como milagroso el 27 de abril de 1641, atribuyendo el mismo a la acción de la Virgen del Pilar. Lo que hace más sobresaliente el hecho es la cantidad de documentación existente y los muchos testigos que conocieron a Miguel antes y después del fenómeno. En la actualidad, donde existiera la casa y la habitación de este joven, se levanta una iglesia que se construyó a fines del siglo XVII.

 ¿Pudo haber sido un gran fraude habiendo tantos involucrados y tanta documentación?.  Las posibilidades de que lo sean son realmente muy altas, teniendo en cuenta la época y la necesidad de la gente de apoyarse en este tipo de milagros. A más de 300 años, será ya muy dificil de probar algo. Por eso, a esta altura de la historia solo resta creer o no creer…
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