Eugene Cernan


Eugene Cernan murió a los 82 años, en enero de 2017. Tal vez muchos no lo recuerden como se recuerda a Neil Amstrong, aquel primer hombre que llegó a la Luna. Sin embargo Cernan, con bastante menos popularidad, ha sido hasta el día de hoy, el último de los humanos que caminó sobre la superficie de nuestro satélite. Y eso no es poca cosa.

Con una experiencia anterior a bordo de Apolo 10, es decir antes del primer alunizaje, Eugene fue nuevamente seleccionado para un nuevo viaje. Y así fue que el 14 de diciembre de 1972, apenas a poco más de tres años de la conquista lunar, el comandante Cernan, que era el líder la misión Apolo 17, alunizó, trabajó, caminó y se despidió de la superficie selenita, cerrando así una de las eras más gloriosas de la investigación espacial.

Nunca más, el hombre pisó la Luna. En aquella jornada de despedida, Eugene pronunció una breves palabras que con el tiempo han tomado una dimensión diferente. Dijo “Este desafío estadounidense de hoy, ha forjado el destino del hombre del mañana”.

La expedición de Apolo 17 había alunizado en el Valle de Taurus Littrow y Cernan formaba parte del equipo integrado por dos astronautas más: Roland Evans que permaneció en órbita lunar y Harrison Schmitt, un geólogo encargado de recoger muestras lunares.

Siete días antes habían partido desde Florida y tocaron suelo lunar el 11 de diciembre, sin ningún problema. Durante tres jornadas permanecieron en ese otro mundo y trabajaron durante más de 22 horas en total.  Un vehículo explorador llamado Rover, fue el encargado de trasladarlos como si estuvieran en la playa, recorriendo 35 kilómetros entre cráteres y lomadas. Los astronautas pudieron recoger unos 115 kilos de muestras geológicas y al mismo tiempo rompieron un record lunar: establecieron la jornada de trabajo más larga de la epopeya lunar, con siete horas y 37 minutos ininterrumpidos.

Como si eso fuera poco, Eugene fue el primer ser humano que pudo escribir sobre la superficie de otro mundo, las iniciales TDC que pertenecen al nombre de su hija Tracy Dawn Cernan, de once años en ese tiempo. Como esa señal en el polvo lunar la hizo a aproximadamente un kilómetro del despegue para evitar la fuerza de los motores, no hay duda que dada la ausencia de viento, lluvia o erosión, esas iniciales podrán permanecer indelebles durante siglos, mucho más de lo que la vida le deparó a Tracy, fallecida muy joven, con solo 20 años de edad.

En aquella última misión, Eugene tomó una de las fotografías más espectaculares de nuestro planeta, la que se conoce como “la canica azul”. Con esta imagen, se observa por primera vez el casquete polar antártico, casi toda la costa de Africa, el Mediterráneo, la península arábica y la isla grande de la República Malgache, un maravilloso mundo azul, con sus nubes pintadas como pincelazos de un artista universal.

Eugene Cernan murió en un hospital de Houston, el 16 de enero de 2017.  Fue despedido con honores militares en el Cementerio Estatal de Texas.


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