Las cuevas de Altamira


A Modesto Cubillas se le había extraviado el perro. El animal quedó atrapado en una grieta de las rocas en el municipio español de Santillana del Mar, en Cantabria, al norte de España y eso no hubiera pasado de ser una simple historia pueblerina, sino fuera porque gracias a eso, se descubrió en 1868, lo que se considera la “Capilla Sixtina del arte rupestre”.

Se trata de la Cueva de Altamira, una maravilla que estuvo oculta durante 13.000 años, cuando un derrumbe natural había sellado su entrada.

Modesto se lo contó a Marcelino Sans de Sautuola, un paleontólogo aficionado, quien un tiempo después, en 1879, fue a visitar junto a su pequeña hijita, la cueva donde se había extraviado el perro. Y fue justamente la niña la que observó mientras su padre permanecía estudiando los alrededores, una serie de dibujos que son, hasta el día de hoy, la muestra mas cabal del arte en épocas prehistóricas. La cueva de Altamira es relativamente pequeña, ya que mide solo unos 270 metros, pero en ella se encuentran casi un centenar de figuras de bisontes, ciervos y caballos en distintas posturas, corriendo, saltando o descansando.

El bisonte encogido es seguramente la pintura más conocida y admirada del conjunto, ya que está pintado sobre un abultamiento de la roca, donde el artista ha sabido jugar con los relieves para dar una imagen prácticamente tridimensional.  Se estima que estas figuras y la de varias manos que se han pintado sobre los techos y paredes, datan de por lo menos 14.000 a 20.000 años, es decir que pertenecen al Paleolítico Superior. El descubrimiento de esta maravilla suscitó en su momento una enorme polémica entre los investigadores, que no creían que el hombre de las cavernas pudiera tener un nivel tan elevado de arte, como así tampoco la capacidad para dibujar y pintar tan exactamente imágenes de su entorno.

Se utilizaron pigmentos minerales de óxido de hierro, con ocre natural de color sangriento y los bordes con líneas negras de carbón vegetal, mezclados con agua o en seco, aunque algunos piensan que pudieron utilizarse grasas animales como aglutinantes. Se pueden haber utilizado pinceles, palos y dedos manchados, o en algunos casos soplando la pintura con la boca a modo de aerógrafo.

Las cuevas de Altamira son, sin duda alguna, una obra de arte de nuestros antepasados, una maravilla de talento por originalidad, diseño y permanencia en el tiempo.

ALTAMIRA





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