Los Gatos de la Guerra


images (4)La Primera Guerra Mundial fue un acto bélico donde el buen humor no abundaba. El mundo no estaba para bromas.

Sin embargo dicen que siempre habrá alguien que en los peores momentos puede robar una sonrisa con un acto de locura.  Eso fue lo que sucedió una mañana de 1916 en Nueva York, cuando un ciudadano del cual no quedó registro histórico, decidió gastar una broma de no muy buen gusto entre los lectores del New York Times. 

Sencillamente publicó un aviso que decía textualmente: “!Patriotas! atención si usted es dueño de un gato!. Las ratas amenazan seriamente la salud y la vida de nuestros soldados que se encuentran prisioneros en los campos alemanes. Por acuerdo con una potencia neutral, el gobierno de Estados Unidos está vendiendo a Alemania una gran cantidad de gatos que serán destinados a combatir a los miles de roedores que habitan en los campos de prisioneros.

El gobierno pagará a quien tenga gatos en buenas condiciones, los siguientes precios: machos 82 centavos, hembras 81 centavos, crías 80,50 cada una. Los pagos se harán en la Oficina Central de correos a partir de primera hora de mañana”.images (5)

Una hora antes de la apertura del correo, ya había cerca de cuatro mil personas en larguísimas filas de varias cuadras, todas con uno o dos gatos en sus brazos, esperanzados en ganar algún dinero ayudando a sus compatriotas prisioneros.  A medida que se acercaba la hora de abrir las puertas, el número de inocentes norteamericanos aumentaba considerablemente, a punto que comenzó a convertirse en un gran problema de tránsito.

Cuando el jefe de Correos llegó a su trabajo, desconociendo lo que se había publicado, no lograba entender semejante multitud.  No fue fácil explicarle a la gente que había madrugado y seguramente se había despedido de sus mascotas, que el aviso no era oficial.  Hubo que llamar a las fuerzas policiales que fueron llegando en diversas patrullas, para desalojar a los más exaltados que no aceptaban las disculpas del caso. cats_on_war_01 blackie_and_churchill

Fue necesario utilizar toda la verborragia posible y más de ocho horas de buenos modales para convencer a los desprevenidos lectores que aquello no era más que una broma de mal gusto, publicada por el diario más importante del país, que confiado, no había certificado la información.

Siempre habrá bromistas, aún en los peores momentos de la historia.

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *