Historia de la Histeria


sexoHasta el siglo XIX la “histeria femenina” era una supuesta enfermedad que se creía que atacaba a las mujeres en varios momentos de la vida.  Eso se sostenía desde la antigüedad y ya se hablaba de esta dolencia en papiros egipcios y fue descrita por Platón y por Hipócrates.

Un viejo mito afirmaba que el útero deambulaba por el interior de la mujer causando daño y enfermedad cuando éste llegaba al pecho. Esto dio nombre a la histeria, ya que la raíz proviene de la palabra “útero” en griego, que era justamente “hystera”.

En la época medieval, la abstinencia sexual causaba lo que se conoció como “sofocación de la matriz”. Se creía que la retención de fluidos sexuales era el inicio del problema. Se aconsejaba mantener relaciones en el caso de las casadas o simplemente un masaje manual con la ayuda de una comadrona para el caso de las solteras…vibradores vibrador primer_vibrador museo_del_sexo museo

Ya se hablaba de este sistema a mediados del siglo V. Por orden médica, una comadrona ayudaba a la mujer con problemas, introduciendo un dedo impregnado en aceites, masajeando la zona genital hasta llegar al climax y aliviando de ese modo, la tan temida “histeria”. Así se llega al siglo XIX entre barbaridades y confusiones. Y se produce un verdadero estallido de mujeres con ansiedad, irritabilidad, fantasias sexuales y depresión, lo que es considerado como un claro sintoma del problema en cuestión. Se seguía creyendo que los desórdenes psiquiatricos provenían del útero y la mujer aún no era considerada como un ser sexuado.

Los médicos seguían combatiendo la histeria femenina acariciando personal y manualmente el clítoris y la vulva de las pacientes hasta que pudieran alcanzar lo que en aquella época era conocido como  ”paroxismo histérico”,  que en realidad era algo que mucho tiempo después se conoció: el orgasmo. Como en aquella época era mal visto que una mujer acudiera sola a la consulta, era frecuente que maridos o madres esperasen sentadas junto a la paciente mientras el medico, profesionalmente, les hacía sentir el mayor de los placeres.masajes juguetes_sexuales juguetesHT1jUXRFM8cXXagOFbXd
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En 1859 un doctor aseguró que una de cada cuatro mujeres estaba aquejada de histeria y reunió decenas de  páginas de posibles síntomas, con lo que casi cualquier dolencia leve podía servir para diagnosticarla. Los médicos pensaban que la tensión de la vida moderna hacía a las mujeres más susceptibles a desórdenes nerviosos.

Rachael P. Maines, autor de “The Technology of Orgasm: Hysteria, the Vibrator, and Women’s Sexual Satisfaction,” dijo que estos casos eran muy ventajosos para los médicos, dado que no había ningún riesgo de que la paciente muriese en el tratamiento, pero necesitaba atención constante, lo cual era una notable, sencilla y redituable fuente de ingresos. El único problema era que los médicos no disfrutaban con la tediosa tarea del masaje ya que más de una vez, el profesional se agotaba o se acalambraba ante la pasividad de la “enferma”. La técnica era difícil de dominar para un médico y podía tomar horas llegar al “paroxismo histérico”. La ganancia de la consulta se diluía con el tiempo perdido.

Obviamente que derivarlas al tratamiento de una comadrona, era perder dinero, así que el cuerpo de profersionales comenzó a pensar en métodos que fueran un poco más rápidos pero sin perder la efectividad.

El primero que tuvo la idea de crear ese invento fue un médico británico llamado  Joseph Mortimer Granville , que en 1870, cansado de masajear manualmente a sus pacientes, patentó el primer vibrador electro-mecánico con forma fálica, y aunque de un tamaño rídiculo, fue todo un éxito, ya que  lograba “aliviar” a las pacientes en menos de diez minutos de una manera relativamente sencilla. Era incómodo, enorme, pero sumamente efectivo.

La empresa Hamilton comenzó a producir en 1902 vibradores más pequeños, para evitar de ese modo la vergonzante visita al ginecólogo. Se comenzaron a vender varios modelos y los diarios de la época publicitaban que “la vibración es la vida” y la mujer “tiene derecho a estar enferma”. El sexo comenzaba a ser un negocio impensado hasta esos tiempos.  En muchos folletos médicos el nuevo invento se vanagloria de ser un “instrumento para la tensión y la ansiedad femenina”, invitando a las damas a estar más relajadas para enfrentar la vida moderna. Decían que la vibración, además traía fuerza y belleza.  Es tan exitoso el invento que, aunque esto parezca descabellado, muchos traían una pieza adaptable para convertir el vibrador en una batidora doméstica. Pasaba en un abrir y cerrar de ojos, de ser un aparato médico para convertirse en un elemento culinario.

La llegada de la electricidad aumentó las ventas y los modelos se modernizaron. El tratamiento en la soledad del hogar hizo que el aparato alcanzara una tremenda popularidad. Tanto es así que este placentero aditamiento femenino, llegó al uso doméstico mucho antes que otros inventos. Nueve años antes que la aspiradora y más de diez años antes que la plancha.

La variedad de vibradores de aquella época era inmensa, muchos modelos funcionan con corriente eléctrica, otros lo hacen con baterías o gas, incluso se diseñan algunos que funcionan a pedales  para proporcionarle a su paciente su correspondiente ración de alivio. Los aparatos tenían velocidades que van desde 1.000 a 7.000 pulsaciones por minuto y los precios pronto empiezan a ser populares y al alcance de la clase media y baja.

Pese a lo que nos pueda parecer hoy por el concepto sexual que tenemos de un vibrador, en aquellos años la aplicación del vibrador sobre el clítoris era tenida por una práctica exclusivamente médica, por lo tanto no era considerado algo ocultable. La mayoría de las pacientes lo comentaban entre familiares y amigos, atribuyéndole al tratamiento características poco menos que milagrosas.

En la concepción machista de la época, al no haber contacto con el interior de la vagina, se consideraba que no existe contacto sexual, y por lo tanto no existía ningún tabú alrededor de este objeto. Solo se consideraban artículos de masaje anti-estresante y era común verlo en todo tipo de catálogos y revistas, o exhibidos sin el más mínimo pudor en vidrieras de moda, al lado de ropa o articulos femeninos o apoyados sobre los muebles del living.

El tema comenzó a cambiar con la llegada del cine pronográfico en los años 20.  Allí, casi como juguetes curiosos, se lo utiliza sexualmente perdiendo su caracteristica de instrumento de salud o de medicina.  Poco a poco, el invento contra la histeria se fue transformando en algo erótico y culminó su periplo en 1950 cuando la “Asociación Americana de Psiquiatría”  declaró que la Histeria… no era una enfermedad!.   Esto fue el acabóse de una extraña costumbre e hizo que el vibrador fuera visto, ahora sí definitivamente como un juguete sexual y considerado instrumento de perversión, comenzando  poco a poco a ser un tabú, connotación que casi continúa teniendo hoy en día en muchos lugares del mundo.  Ya no se los ve sobre los muebles del living…

La histeria era otra cosa y aunque el milagroso invento se sigue utilizando entre cuatro paredes, lejos está de promocionarse como un tratamiento médico. Aunque, la verdad sea dicha, uno nunca sabe…

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