Julio César y el rescate 1


Justo un siglo antes de Cristo, en el mes de julio, nació en Roma, uno de los líderes políticos y militares más grandes de la historia: Cayo Julio César. images

Conquistador de las Galias, representante religioso, abogado, cónsul, autor de estudios de astronomía y emperador de Roma, el César supo ganarse tanto admiradores como enemigos.

Muy largo sería relatar todas sus victorias y sus aciertos, ya que su firme personalidad lo llevó a logros tan importantes que sus contemporáneos e incluso sus amigos llegaron a traicionarlo por envidias y celos.

Una muestra de sus actitudes fue un suceso poco conocido de su vida. Siendo muy joven, con solo 22 años y apenas iniciada su exitosa carrera, fue victima de una banda de piratas de los tantos que asolaban por esos tiempos el Mar Mediterráneo. Fue justamente en un viaje para estudiar en la academia de Oratoria y Elocuencia de Molón de Rodas cuando fue abordado por unos piratas en cercanías de la isla de Farmacusa, que estaban por allí haciendo su tarea tranquilamente.CARTA DE VARRÓN LÚCULO A CAYO JULIO CÉSAR, EN EL BLOG IMPERIO ROMANO DE XAVIER VALDERAS, MINUSVÁLIDOS EN LIBERTAD (3)

Los bandidos de la época sentían por los romanos un cierto desprecio por considerarlos pertenecientes a un estado superior y con cierto poder sobre el resto del mundo. Por esa razón, muy a menudo se burlaban mediante métodos poco santos, como por ejemplo el secuestro.

En aquella oportunidad Julio César se encontraba a bordo de un barco que fue tomado por asalto por una banda de aproximadamente 300 hombres, sin ofrecer resistencia. Los piratas lo llevaron maniatado a su embarcación y una vez identificado, el jefe de la banda le comunicó que iba a pedir un rescate por él. El precio era relativamente alto por considerar que su rango militar lo valía. Pidió por dejarlo libre la cantidad de veinte talentos, a lo cual Julio César se enfureció. Un talento era el equivalente aproximado a 25 kilos de oro, es decir que iban a pedir algo así como el equivalente en dinero a media tonelada, al precio actual serían varios millones de dólares.  Como referencia económica hay que recordar que el imperio romano le exigió al imperio de Cártago como indemnización por daños de guerra la cantidad de apenas diez mil talentos. 

César pidió hablar con el jefe pirata y le hizo saber que era una vergüenza pedir eso por un hombre como él. “Soy mucho más valioso y no me gustaría perjudicarlos. Mi precio es mínimamente más del doble y por eso pueden pedir, cincuenta talentos que es lo que pagarán por mi. No permite mi orgullo ser valorado tan bajo. Pidan más porque eso valgo”. 

moneda-caligulaLa carcajada de los delincuentes no se hizo esperar y aceptaron eso de muy buen grado, pero eran concientes que la suma era extremadamente elevada. Reunir ese dinero llevó tiempo. Julio César permaneció secuestrado un total de 38 días, durante los cuales logró la admiración de los piratas. Los invitaba a que se reunieran alrededor de su persona y les daba enérgicos discursos, probando de ese modo su capacidad oratoria y al mismo tiempo su facilidad para impresionar a gente de todo tipo. Era un hombre carismático y de firme actitud. Incluso los retaba si hacían ruido mientras él descansaba…

Los piratas comenzaron a admirarlo y llegaron a sentir por él enorme simpatía. No obstante eso, nadie abandonó la idea del intercambio económico y al mismo tiempo Julio César les prometió seriamente que ni bien lo liberaran saldría él personalmente a buscarlos y los colgaría uno por uno de los palos de esa misma nave.images (1)

Cuando llegó el dinero, César fue dejado en libertad. Inmediatamente se dirigió a Mileto y reclutó naves, hombres y armas para salir en busca de sus secuestradores. Sin perder un minuto se dirigió a la isla de Farmacusa donde suponía que todavía se encontraban y allí los sorprendió, los atacó y los apresó.  César se los entregó a Marco Junio, que era en ese tiempo el encargado de administrar justicia y este los encarceló en Pérgamo, pero sin interesarse por un castigo mayor, sino por el dinero que le fue devuelto a Julio Cesar, no sin antes tomar una comisión para sí.

Julio César muy molesto por la falta de castigo y por la desidia de Marco Junio, se dirigió personalmente a la cárcel de Pérgamo y liberó a todos los piratas. Allí mismo los reunió del mismo modo que lo hiciera durante sus 38 días de secuestro, y les dio un último, aleccionador y contundente discurso.

Y luego, sin faltar a su palabra y tal como se los prometiera, los colgó uno por uno del palo mayor de la nave.


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