La Ciudad de los Muertos


2013-01-14-cementerioEntre el aeropuerto de El Cairo, en Egipto y el centro de la ciudad, se extiende lo que parece ser un enorme cinturón de pobreza, sobre la periferia oriental de esta gran ciudad. Las casas de adobe son pardas y polvorientas y las estrechas calles son un hervidero de gente, con la vida tipica de un distrito pobre de cualquier gran urbe.

Los niños corretean y las mujeres se abalanzan con los bultos sobre la cabeza, en perfecto equilibrio mientras los hombres fuman narguiles en los cafés de la zona…

Sin embargo no es lo que parece. Sobre la desprolijidad, el caos y la miseria de la zona, se levantan minaretes y cúpulas de las magníficas tumbas de las dinastías que gobernaron Egipto entre los siglos XII y XVIII.  Esta parte de El Cairo, que a simple vista parece pobre, mísera y en ruinas, es la famosa Qarafa, la Ciudad de Los Muertos, un panteón inmenso donde convive la vida y la muerte.

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Los mausoleos más importantes están protegidos como monumentos religiosos, pero las tumbas comunes, son por lo general del tamaño de una casa pequeña y han sido desde siempre un excelente alojamiento para miles de personas que comparten en el espacio con los que ya no lo son.

Otras familias se han apoderado de tumbas abandonadas o alquilan una cámara mortuoria de dos o tres piezas, con el compromiso de dejarla libre durante el día, cuando el dueño vaya a visitar y honrar a sus muertos.  Es común que después de un entierro, esa familia que alquila, se mude por varias semanas para regresar al cabo de ese tiempo, cuando se calcula que se ha terminado de descomponer el cadáver bajo el intenso calor de El Cairo.  Una mezcla de morbosidad con necesidad de vivienda.

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El hábito de vivir entre los muertos y entre tumbas es tan antiguo como el mismo cementerio que ya tiene más de ocho siglos. La explosión demográfica de Egipto ha obligado cada día a más personas a vivir de esta manera, ya que se calcula que son alrededor de 300.000 habitantes los que pasan sus días en los panteones o en pequeñas casas de adobe construidas entre las tumbas.  Por las noches, muy pocas luces indican que por la zona existe algo de vida. Los habitantes se sumergen en sus casas-tumbas y pasar por el centro de esta ciudad-cementerio es toda una aventura.

Es un lugar extraño para vivir, pero si se cuenta con luz y agua potable, los panteones suelen ser lugares de excelencia para miles de personas que no tienen otra posibilidad en un mundo que no para de sorprendernos.

 

 

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