La isla de San Borondón



San-BorondonSegún la leyenda, o tal vez la historia real (no se sabe bien), Brendan fue un monje irlandés ordenado sacerdote en el año 512 d.C. 

Este hombre partió junto a un grupo de 14 monjes, en una frágil embarcación que se internó en las desconocidas aguas del Atlántico. La leyenda recoge sus aventuras que no fueron pocas, sus encuentros con demonios del mar que vomitaban fuego, con cristales de luces que flotaban en el agua y monstruosos animales marinos tan grandes como islas.

Brendan y sus hombres dicen haber bajado en un pequeño islote donde celebraron misa. A la noche decidieron descansar, pero al hacer fuego se dieron cuenta que el islote se movía. Habían desembarcado sobre una especie de ballena gigante, una gigantesca criatura marina sobre cuyo lomo habían casbominado.

Tal vez eso haya sido el inicio, en el siglo XV a lo largo del cual las islas Canarias son conquistadas, de una historia que se ha repetido una y otra vez.  Las Canimages (18)arias son siete islas, pero se hablaba de una octava que a veces se veía al oeste de La Palma. Cuando los navegantes se acercaban a ella, viendo sus árboles, montañas y valles, la isla se rodeaba de una pesada bruma y desaparecía. La isla misteriosa fue rapidamente identificada como la isla-ballena del monje Brendan y fue bautizada en las Canarias, como la “isla de San Borondón”.

Se creyó a pie juntillas en esta isla que llegaba y se iba. Incluso el Reino de Castilla hace mención en algún tratado marítimo haciendo referencias a tener soberanía sobre islas descubiertas y “posibles islas sin descubrir”, dejando una puerta abierta por las dudas.  Se la bautizó muchas veces con el nombre de Aprositus, Inaccesible, Antilia o Isla de las Siete Ciudades.

En los archivos del siglo XVIII aparecen investigaciones oficiales, basadas en los testimonios de decenas de marinos que juran haberla visto para luego desaparecer bajo las aguas.

La leyenda ha seguido viva en el folklore canario y hoy por hoy no debe existir isleño de la zona que no haya oteado desde su barcaza tratando de encontrar la isla perdida de San Borondón, emergiendo misteriosa sobre las aguas azules del majestuoso Atlántico.

 

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