La Locura de Eróstrato


El Templo de Artemisa fue un templo ubicado en la ciudad de Éfeso, Turquía, dedicado a la diosa Artemisa, denominada Diana por los romanos.2899010_640px

Su construcción fue comenzada por el rey Creso de Lidia y duró unos 120 años.  El templo era de pequeñas dimensiones y estaba rodeado por un numeroso conjunto de enormes columnas jónicas, a cielo abierto, que se alzaban sobre un gran basamento rectangular de mármol, formado por tres escalones.

Las columnas, de orden jónico, tenían unas basas de 1,75 metros de diámetro y una altura de casi 20 metros; estaban decoradas con relieves en su tercio inferior.  Una gran fachada decorada, precedida por un espacioso jardín, daba paso a este majestuoso y original conjunto de 127 columnas, en cuyo espacio central se encontraba el pequeño templo que albergaba la estatua de la diosa Artemisa.images (11)

El templo fue muchos años más tarde considerado como una de las siete maravillas del mundo, pero su belleza fue opacada por la actitud de un loco llamado Eróstrato el día 21 de julio del 365 a.C., casualmente el mismo día en que nació Alejandro Magno.

Eróstrato había nacido en Éfeso, Turquía, en Asia Menor y desde su infancia ya dejo muestras de sus ansias de fama. Era hijo de padre desconocido y de una madre que lo maltrataba. Él decía ser un elegido, hijo del fuego, ya que bajo su pezón mostraba una marca de nacimiento en forma de pequeña llama. Era de personalidad inestable y nunca tuvo contacto con mujer alguna, permaneciendo virgen toda su vida.images (12) descarga (10)

Su ilusión era convertirse en sacerdote, le gustaba observar las procesiones de ofrendas destinadas a la diosa a la cual se creía consagrado, pero su solicitud fue denegada y fue expulsado del templo famoso cuando intentó retirar por la fuerza en varias ocasiones el precioso y pesado tejido que ocultaba a Artemisa.

Vivió en la ladera del Koressos, en una gruta excavada por los antiguos, un lugar no muy lejano y desde el cual se dedicaba a vigilar en la noche el recinto sagrado. Eróstrato se endureció odiando las riquezas que le rodeaban y su asco hacia el amor de las cortesanas era extremo. Creyeron que reservaba su virginidad para la diosa, pero Artemisa no tuvo piedad de él y la historia lo marcó como un desquiciado.

Aquella noche de julio Eróstrato se introduce en el templo aprovechando que los guardias dormían junto a las lámparas sagradas y se apodera de una. El templo poseía un tesoro encerrado en una especie de colmena, cuya puerta piramidal se hallaba erizada de clavos de bronce. Allí, entre anillos, grandes monedas y rubíes lo esperaba la diosa. Su lámpara la iluminó y después de besar la estatua sagrada dio una vuelta alrededor, y vio de pronto la pirámide donde estaba el tesoro. Arrancó los clavos de bronce de la puertecilla, y hundió sus dedos entre las joyas vírgenes pero las dejó en su lugar. Volvió sobre sus pasos, acercó su lámpara a la preciosa tela y dejó que ardiera. Al principio despacio, luego, por los vapores de aceite perfumado que la impregnaban, la llama subió, azulada, hacia el rostro de la diosa.

El fuego se enroscó en los capiteles de las columnas, y subió a lo largo de las bóvedas. Una tras otra, las placas de oro consagradas a la poderosa Artemisa cayeron desde las suspensiones a las losas con un estruendo de metal. Luego el haz fulgurante estalló en el techo e iluminó el acantilado. Las tejas de bronce se desplomaron. Eróstrato se erguía en medio del resplandor, clamando su nombre en la oscuridad.  Los guardias detuvieron al criminal y lo amordazaron para que dejara de gritar su propio nombre, pero no pudieron salvar del incendio al templo sagrado.

El rey Artajerjes envió inmediatamente la orden de torturarlo. No quiso confesar y no alegó más causa a su acción que la pasión por la gloria y la alegría de oír proferir su nombre deseando ser famoso. Artajerjes lo mandó ejecutar y en las ciudades bajo su reinado se prohibió nombrar, o poner su nombre a ningún descendiente de su pueblo bajo pena de muerte, lo cual, evidentemente, no bastó para borrar de la historia ni el nombre ni tampoco la acción.

El atentado realizado por Eróstrato, y su intención de lograr la fama a cualquier precio han tenido eco en la modernidad. En el ambiente académico de la psicología se denomina complejo de Eróstrato al trastorno según el cual el individuo busca sobresalir, distinguirse, ser el centro de atención.

El templo de Artemisa, bello y majestuoso fue reconstruido y tiempo después fue saqueado por Nerón, pero destruido por los godos en el año 262-263 d.C. Sus restos fueron aprovechados como cantera por los bizantinos.  Triste final para una obra de arquitectura que desplegaba belleza por donde se la mirara.

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *