Landrú, el asesino francés


landru_006Henri Desiré Landrú había nacido el 12 de abril de 1869 en Paris. Su padre era un trabajador honrado y religioso que trabajaba día y noche en una fundición mientras su madre, que era costurera, cuidaba del hogar. 

Los primeros años de Henri pasaron entre la escuela y la religión, pero a los veinte años, en medio del escándalo familiar, tuvo que casarse con su prima que había quedado embarazada de él. Con ella tuvo tres hijos, con los que se mostraba como padre tierno y esposo ejemplar.

Sin embargo, la vida de Henri iba a tomar un rumbo tenebroso.  Deseoso de una vida mejor se inclinó por la delincuencia y fue autor de varios robos menores que lo llevaron a la cárcel para purgar tres años tras las rejas. Su padre, avergonzado, se suicidó. La Primera Guerra Mundial dejaba muchas mujeres viudas, y en eso vió Landrú una oportunidad para conseguir buenos dineros. Publicó desde 1914, varios anuncios donde publicitaba ser un hombre formal que buscaba viudas para compañía, ofreciendo una vida tranquila y hogareña. Como es de suponer, recibió muchas ofertas, a las que estudió y clasificó al solo efecto de saber con cuanto dinero contaban. Utilizaba sus encantos para conquistar mujeres bellas y no tan bellas, pero que contaban con la suficiente fortuna como para estafarlas y luego matarlas. Se convirtió de esta manera en el asesino en serie más famoso de Francia.

Su primera conquista fue Jeanne Cuchet de 39 años, quien vivía con su hijo de 17 y que poseía un capital considerable. Se hizo pasar por un inspector de correos, cambió su identidad y se presentó como un caballero cortés y elegante. Terminó asesinando a madre e hijo muy poco tiempo después. Alentado por este primer “triunfo comercial” siguió cambiando de nombres y engañando mujeres, seduciéndolas, enamorándolas y…asesinándolas. Tenía la suficiente habilidad para convencerlas de que le confiaran sus joyas, dinero y bienes. Luego de eso, se desprendía de ellas del modo más cruel: las mataba, descuartizándolas con una sierra, quemándolas luego e incinerándolas en un horno de su propiedad. Su fortuna comenzó a crecer y llegó a manejar dineros importantes.

Pero nada es eterno y Landrú fue descubierto. Su juicio duró dos años y aunque jamás se encontró ninguno de los cuerpos, fueron hallados en su casa casi 300 huesos humanos, más de un kilo y medio de cenizas y 47 piezas dentales de oro, todas de sus víctimas.

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Aunque en su juzgamiento reconoció haberlas estafado, se declaró inocente de las muertes. Pese a eso fue condenado el 30 de noviembre de 1921, por la autoría de once asesinatos probados, pero la policía francesa calcula que las mujeres asesinadas oscilan entre 200 y 300, todas engañadas y robadas por este moderno Barba Azul.bgvfdhgbvv4

El 25 de febrero de 1922, la cabeza de Landrú rodó a los pies de la guillotina, en la cárcel de Versalles.

Sus últimas palabras fueron: “…no es la primera vez que se ha condenado a un inocente…” 

 

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