Llanura de las Jarras


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Xiangkhouang es una provincia del norte Laos.  Allí, en medio de una pintoresca región con poco más de 229.000 habitantes, se encuentra la Llanura de las Jarras, curioso nombre para un misterio que parece no tener fin.

Allí, rodeada de una topografía montañosa, existen una serie de enormes tazones cuyo origen, construcción y utilidad son todo un misterio. Dice la leyenda que fueron jarras creadas por una civilización de hombres gigantes para almacenar un licor típico de la zona, llamado lao lao.  Su rey, llamado Khun Cheung, fue un gran guerrero, y tras una ardua pelea consiguió ganar una importante batalla. Los laosianos dicen que el rey mandó crear las jarras para guardar grandes cantidades de esa bebida  y así convidar a sus vasallos y celebrar la victoria.

Esto, por supuesto es una creencia que no tiene rigor científico pero que le da un toque de color a una rareza difícil de explicar.plain-of-jars-xieng-khouang-plateau xieng-khouang-jars-0958

Fue la arqueóloga francesa Madeleine Colani quien en 1930 estudió estas extrañas formaciones rocosas para tratar de dar una explicación convincente sobre el origen y la utilidad. Hizo una serie de excavaciones y encontró una cueva cercana con huesos humanos, algunos de ellos quemados y mucha ceniza. Así que una teoría es que tenían alguna relación con los enterramientos.

Si bien no hay hasta hoy una explicación definitiva, se especuló con que fueron usadas con fines rituales o funerarios, aunque otros especialistas creen que fueron creadas para recolectar agua.

Hay más de 400 localizaciones a lo largo de toda la Llanura de las Jarras que se centran en el área de Xieng Khouang. Van desde las mesetas Khorat en el sur de Tailandia, cruzando Laos y llegando hasta las llanuras North Cachar en el norte de la India. Las jarras parecen estar esparcidas linealmente en una ruta que probablemente fuera una línea de comercio.

Todas están realizadas en roca sedimentaria, usualmente piedra arenisca, aunque también ha sido usado en menor medida el granito, el conglomerado o el coral calcificado. Son angulares o redondeadas y algunas tienen discos que podrían ser sus tapas, con un peso superior a los 5000 kilos.

La cultura de los habitantes de estas regiones nos es totalmente desconocida ya que desaparecieron de esta zona hace por lo menos dos mil años.  El tamaño de estas tinajas o urnas gigantes, varían y llegan a medir hasta tres metros, encontrándose a lo largo de toda la provincia en agrupamientos que muchas veces superan los 300 recipientes en cada lugar. Los estudios arqueológicos más recientes indican que se trataba de sitios funerarios de la edad de Bronce y la edad de Hierro, es decir hace unos 25 siglos aproximadamente. 11230607-frascos-grandes-en-llanura-de-las-jarras-en-xieng-khouang-laos

Big jar in Plain of Jars in Xieng Khouang province, Laos

Big jar in Plain of Jars in Xieng Khouang province, Laos

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Este misterio arqueológico lamentablemente está ubicado en un lugar altamente peligroso y no se aconseja su visita, excepto en lugares específicamente delineados. Esto no se debe a los riesgos naturales de una geografía hostil, sino más bien a la enorme estupidez del mayor depredador del planeta: el hombre.  La Llanura de las Jarras está hoy rodeada de bombas sin explotar, artefactos de alta destrucción que son producto del bombardeo masivo estadounidense durante la guerra de Vietnam, entre 1964 y 1973. En esta zona, y alejada de la opinión pública, caía una bomba cada ocho minutos, día y noche durante nueve años. En paralelo a la guerra de Vietnam, Laos sufría su propio conflicto bélico contagiado por la lucha de su vecino ya que los norvietnamitas, apoyados por el movimiento comunista laosiano, el Pathet Lao, tenían bases antiaéreas en esta zona.

La llanura de las Jarras, misterio arqueológico aún no resuelto, quedó sorpresivamente en medio del conflicto, sufriendo hasta el día de hoy y después de más de 40 años, la injusticia de tener que convivir con miles de artefactos bélicos que nunca detonaron y que han quedado enterrados a pocos centímetros de la superficie con el peligro que eso conlleva. Ironías de nuestra alocada vida humana.

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