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El profesor Harry Coover investigaba en 1942, en la Kodak, un producto de uso militar para darle otro uso y no le encontraba nuevos resultados.

En uno de esos intentos, se dio cuenta que el elemento con el que trabajaba, no había que calentarlo y que no necesitaba presión. De ese modo, colocando solo una mínima porción del producto adhería y pegaba rapidísimo, sobre casi cualquier superficie.

Acababa de inventar la tan popular “gotita”, en plena guerra.

El Superglue, así se llamaba inicialmente, salió a la venta en 1958. Sin embargo lo que buscaba Coover era otra cosa mientras investigaba en la Kodak con los cianoacrilatos, que ya se habían usado en la Primera Guerra Mundial para pegar heridas de apuro, pero trayendo otros problemas en heridas grandes. Coover buscaba un plástico para miras militares, elemento que no logró.

El metil cianocrilato, se trata de una fórmula que lleva en general otros componentes, pero lo que lo hace adherir tan rápidamente es la humedad del aire, que es justamente la que apura el fraguado. Sin embargo, si hay humedad en demasía, agua por ejemplo, actúa en contra y no funciona.

De las casualidades también se obtienen grandes productos.

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