El Loco Bléirot



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La hélice se partió y las ruedas se quebraron por la violencia del aterrizaje. Era las 05:12 de la mañana del 25 de julio de 1909 y se acababa de cumplir una hazaña que era considerada imposible: cruzar el Canal de la Mancha en un avión.

Apenas 37 minutos antes, ni bien había despuntado el alba sobre Francia, un loco del aire llamado Louis Bléirot había despegado con su endeble pájaro desde Calais, a 38 kilómetros del lugar donde aterrizó estrepitosamente.

Blériot ostentaba una larga cadena de fracasos, ya que este ingeniero-aviador había construído desde 1908 varios aparatos que terminaron estrellándose en forma escandalosa, pero sin consecuencias para el arriesgado piloto. Esta vez, desde las dunas de Baraques, había despegado esperando tener un poco más de suerte con su nave, el enclenque Blériot XI. Unos pocos días antes se había estrellado después que la ruptura en un tubo del motor recalentado, le había derramado agua hirviendo sobre uno de sus pies. Por eso, este día en Calais aún estaba usando muletas para poder caminar, pero no cejaba en su empeño por ganarle la carrera de la fama a sus dos más inmediatos competidores: el conde de Lambert y Hubert Latham otro arriesgado que unas semanas atrás había realizado el primer aterrizaje sobre el mar cuando se le plantó el motor a 300 metros de altura y a 16 kilómetros de la costa.

La carrera también era contra el tiempo ya que varios temporales habían azotado Francia por esos días, así que Blériot y su amigo Leblanc vigilaban el cielo y tenían sus propio servicio meteorológico, especulando con decolar ni bien amaine. bour6_bleriot_001fEso fue en la madrugada del 25 de julio a las dos de la mañana. Se van las nubes y aparecen las estrellas. Leblanc corre a despertar a Blériot y ni bien aparecen las primeras luces del alba, dan marcha al motor del endeble aparato volador. El aviador le envía un mensaje al capitán del buque “Escopette”, que zarpa de inmediato como nave de apoyo. A las 04.35 Leblanc, en lo alto de las dunas, le hace señas a Blériot indicándole que el sol está a punto de aparecer en el horizonte y el piloto pone su nave en marcha. Carretea varios metros y se eleva sobre el mar, casi a oscuras todavía.

Blériot aprieta su acelerador con los pies aún quemados por el accidente y no calcula el riesgo de caer en este mar picado. Unos minutos después sobrevuela al barco y su esposa lo sigue con la ayuda de un catalejo hasta que se pierde en el cielo. Del otro lado de la costa,la referencia era el castillo de Dover, pero un poco por la niebla y otro poco por los nervios, Blériot vive los diez minutos más largos de su vida, ya que de no visualizarlo, no tiene mucha reserva de bencina y todo puede concluir en una fatídica caída.  Luego escribiría estas líneas: Durante  diez minutos quedé solo, aislado, perdido en medio del espumoso océano… Me parecieron diez minutos muy largos, y realmente me sentí feliz de ver una línea gris sobre el mar: la costa inglesa. Me dirigí hacia esa montaña blanca, pero súbitamente me coge el viento y me envuelve la bruma, ya no veo Dover, sólo distingo tres barcos que parecen navegar hacia un puerto: los sigo, luchando contra el viento… Y entonces se presentó ante mi vista una anfractuosidad de la costa, y luego el castillo de Dover. Se apodero de mí una dicha loca, una felicidad sin límites: me precipité hacia la meta sin saber cómo…, ¡y me encontré tocando tierra!” 

Y es allí donde vira hacia el campo de golf y clava su aeroplano en tierra inglesa. Ha cruzado el Canal de La Mancha y este loco del aire entra en la historia de la aviación y gana la inmortalidad.

 

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