Gatos en Egipto



gatoEn el Antiguo Egipto, los gatos eran considerados animales sagrados, pues estaban directamente asociados a la divinidad.  

Los egipcios creían que en el cuerpo de los gatos anidaba el espíritu de  Bastet, una entidad buena y amable, diosa de la música y protectora de la Luna.

Tan respetada y querida era Bastet que se levantaron en su honor numerosos templos, como por ejemplo el de la necrópolis de Bubastis en el delta del Nilo.  Por eso, los gatos tenían en el Antiguo Egipto una vida muy singular y un status social muy  importante y encumbrado.  Cuando un gato moría, toda la familia respetaba el luto porque eso era considerado una tragedia. Se rapaban las cejas en señal de dolor y luego el animal era embalsamado y enterrado en grandes panteones, considerándolo casi como un hijo directo.

La arqueología ha descubierto grandes cementerios, como del de Benni Hassan en 1890, donde se hallaron más de 300.000 gatos momificados. Lamentablemente la ignorancia del hombre “moderno” hizo que este descubrimiento fuera destruido completamente, provocando una pérdida histórica irreparable. Aunque parezca estúpido, los restos de estos animalitos se embarcaron en barcos hacia Inglaterra, donde se vendieron…como abono!.

Se han encontrado sarcófagos de madera o de piedra, donde las inscripciones dan cuenta de la historia del animal y los datos de su dueño. Matar un gato era considerado un delito gravísimo en Egipto y se castigaba con la pena de muerte, ya que a través de los ojos del pequeño felino, la diosa Bastet estaba siempre pendiente de la vida de los hombres y sus familias protegiéndolas de todo mal.  Era tan grave que ni siquiera el faraón podía indultar al asesino.

Era tal el culto que se les rendía a los gatos, que cuenta la historia que en una oportunidad en que los persas al mando del rey Cambises (hijo de Ciro el Grande) atacaron a los egipcios, lo hicieron con gatos vivos en las manos, utilizándolos como defensa. Fueron 600 soldados con 600 gatos atados a sus escudos, mientras que las catapultas hacían volar dentro de la ciudad otros tantos felinos.  El ejército egipcio, con Psamético III a la cabeza, no supo como contraatacar sin hacerles daño a los animales y prefirió rendirse sin ofrecer resistencia. Los persas tomaron la ciudad de Pelusio, en el año 500 A.C. caminando, sonriendo y con los gatos en la mano…

Heródoto, un historiador griego que vivió unos 450 años antes de Cristo, comenta que en su viaje por Egipto observó que las madres egipcias le cortaban el pelo a sus hijos y el peso en plata del pelo cortado estaba destinado a la compra de pescado para sus gatos.  Otro autor griego, Diódoro de Sicilia, cuenta que en una oportunidad un soldado romano de las tropas de César, hacia el año 50 antes de Cristo, mató un gato por puro accidente.

Pese al temor enorme que le tenían los egipcios al ejército romano, el soldado fue linchado por una multitud, que no le importó las consecuencias que podría tener este suceso.  Era tan grande el respeto y el amor por los gatos en Egipto, que cuando uno de ellos caía enfermo, recibía curas tan especiales como cualquier miembro de la familia. Los gatos eran la custodia de los campos de cereales del Nilo, controlando los roedores, mientras que en las casas  mantenían a raya a las serpientes y ratones.

Curiosamente, los egipcios no tenían nombre para esta especie animal. No le dieron un apelativo específico y simplemente lo identificaban por su onomatopeya: a los gatitos en Egipto se los conocía como los “Miuw”…

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