La Mujer X


int-446841Un hueso de un dedo meñique, fue descubierto en las montañas de Altai, el la cueva Denisova, en Siberia, en 2008.

El hecho no tendría nada de extraño, si no fuera porque los científicos consideran que podría tratarse de un hueso perteneciente a una raza desconocida.

Los denisovanos serían un grupo de humanos desconocidos hasta ahora que vivieron en gran parte de Asia durante la época del Pleistoceno. Los científicos creen que eran un grupo de homínidos, pariente cercano de los neandertales, que descendieron de la misma población ancestral pero finalmente se separaron de los antepasados del humano moderno.

El análisis de este hueso indica que podría tratarse de una “Nueva Eva”. La ciencia aún no encuentra “el eslabón perdido”, el hipotético espécimen que sería el intermediario entre el hombre actual y los simios.images

Sin embargo, el hallazgo de la que podría ser una nueva especie humana antes desconocida, contemporánea del hombre de Neandertal y el Homo Sapiens, podría cambiar radicalmente el rompecabezas de nuestra historia evolutiva.  El grupo de expertos, liderado por Johanes Krause y Svante Paäbo, extrajo muestras de ADN del hueso que perteneció a un menor de entre cinco y siete años de edad, y tras analizarlas determinó que difieren notablemente del material genético presente tanto en el Homo Sapiens como en el de Neandertal, especie arcaica de humano que pobló Europa hace unos 44.000 años.

Cueva Denisova.

Cueva Denisova.

La conclusión preliminar es que el ejemplar estudiado, al que por el momento han bautizado como “Mujer X”, aunque desconocen su sexo, corresponde a otro linaje hasta ahora no identificado, posterior a la primera salida de Africa de un homínido. Esa criatura habría vivido hace unos 30.000 años. El profesor Krause dijo que “realmente no se parece a nada que hayamos visto antes. Su ADN es completamente diferente a la de los humanos”. El análisis también evidencia que la línea evolutiva de este homínido se separó de la que dio origen a humanos y neandertales hace un millón de años. Es evidente que somos diferentes.

¿Podremos haber tenido otros parientes en nuestro pasado?

 

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