Newton, el de la manzana


descargaCuando según el calendario juliano se iniciaba la Navidad del año 1642 o para ser más exactos el 4 de enero de 1643, según el calendario gregoriano que utilizamos actualmente, nacía en Woolsthorpe, Inglaterra, uno de los físicos, matemáticos y teólogos más importantes de la historia: Isaac Newton.

Este niño retraído y poco hablador, se fue convirtiendo con el tiempo en un adolescente sobrio, silencioso y meditativo. Eso no le impedía asustar a sus vecinos con linternas colgadas de barriletes que remontaba en la oscuridad de la noche, mientras que una vez entrado en la universidad se fue interesando en las cuestiones relativas a la investigación de la naturaleza, cosas que hizo prácticamente por cuenta propia, como autodidacta.  La teoría de los colores y la permanencia de la Luna en su órbita, son dos de las observaciones que él mismo destacaba como notables.

Famosa es su historia de la manzana, cuando por casualidad vio caer el fruto del árbol y dio rienda suelta a sus primeros conceptos sobre la gravitación, explicando porqué las personas están sujetas al suelo terrestre, dando al mundo la fórmula de la Ley de Gravedad, el momento culminante de la revolución científica. Trabajó sobre la naturaleza de la luz, sobre los efectos de la óptica y sobre las leyes de la dinámica. También sobre la teología y la alquimia. Creía en un único Dios y negaba a la Santísima Trinidad, acusando a la Iglesia Católica de ser la bestia del Apocalipsis.

Fue uno de los genios más respetados de su época, pero sin embargo terminó sus días como cualquier mortal.

En la madrugada del 31 de marzo de 1727 el alojamiento de un cálculo en la vejiga marcó el fin de su agonía: Newton murió tras haberse negado enfáticamente a recibir los auxilios finales de la Iglesia, consecuente con su aborrecimiento del dogma de la Trinidad.

 

Newton

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