El Ostrakón


Atenas-Grecia-la-belleza-de-una-ciudad-antiguaPuede decirse sin temor a errores, que la vida en la antigua Atenas era algo especial. Allí todos los hombres eran iguales y eso los llenaba de orgullo. Los atenienses interpretaban que nadie era superior a nadie y de esa manera la sociedad vivía en una especie de magnífica igualdad.

Obviamente, como eran humanos, solía suceder que algunos intentaran sacar provecho y ventaja sobre los demás. Y en esas circunstancias la democracia ateniense se veía amenazada. Muchas veces tambaleó al crearse facciones en la Asamblea.

Los políticos profesionales, que eran llamados oradores o demagogos, eran hombres de un gran poder de convicción y sumamente carismáticos que por lo general inspiraban una gran lealtad personal. Por esa razón a veces se suscitaban tremendas y largas discusiones sobre partidarios de distintas convicciones. Si un político impopular adquiría mucha fuerza, esto dañaba la democracia y había que encontrarle una solución. De esa manera nació el ostracismo.

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Todo ciudadano ateniense podía sufrir el ostracismo, es decir el exilio de su amada ciudad por el espacio eterno de diez años. Un castigo que nadie se animaba a afrontar. El sistema funcionaba de una manera tan simple como efectiva. Cualquier ciudadano podía proponer que se celebrara una votación para expulsar de Atenas a alguien que no merecía semejante democracia. Si la Asamblea aceptaba, entonces se cercaba el Ágora, que era el mercado que también funcionaba como centro cívico. Las diez tribus de Atenas emitían un voto escribiendo un nombre en un trozo de cerámica llamado “ostrakón”.

Por lo menos se debía reunir 6.000 votos para que una persona fuera desterrada. Ese hombre debía ausentarse de la ciudad y por diez años no podía volver. Sin embargo, una vez cumplido ese tiempo de castigo, podía regresar y continuar su vida común y corriente sin sentirse observado. No sufría ningún tipo de deshonor ni perdía sus derechos ni sus propiedades. Su condena cumplida lo convertía automáticamente en un ciudadano honorable. Así funcionaba la democracia en Atenas.

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