El Cerebro Robado


images (3)
El 18 de abril de 1955 a las 8 de la mañana, el patólogo Thomas Stolz Harvey de 43 años, se encontró en la sala de autopsias del Hospital de Princeton, con el cadáver de un hombre que admiraba.

Era nada menos que Albert Einstein que había muerto unas horas antes por culpa de un aneurisma de aorta a los 76 años. Ese cuerpo era del científico más importante del siglo XX  y Harvey era el encargado de ocuparse de él antes de ser incinerado.  Con la intención de descifrar las causas de su muerte, sacó algunos órganos y los etiquetó de la mejor manera. Sin embargo algo alocado cruzó por su mente.

El médico patólogo dudó un segundo y después hizo algo increíble al ver a ese hombre que representaba la genialidad misma: extrajo su cerebro, lo metió en un frasco y se lo llevó a su casa, cuidando de mantener el secreto hasta las últimas consecuencias. El resto del cuerpo del genial físico fue entregado a la familia sin decirles nada de lo que había hecho.

Harvey tuvo la intención de robar el cerebro de Einstein para estudiarlo, pero la noticia se filtró y reventó en escándalo. Cuando el hecho fue conocido la suerte del doctor pendía de un hilo, pero la familia del genio le permitió seguir con sus investigaciones. Pasó un tiempo relativamente largo hasta que la comunidad científica, ligeramente molesta, le pidió a Harvey el resultado de sus estudios para compartirlo, pero el doctor no tenía respuestas a tantas preguntas, simplemente porque el estudio jamás se había realizado, aunque se lo había diseccionado en 240 trozos, algunos de los cuales fueron enviados a reconocidos neuropatólogos.

thomas-harvey-1994jpg-3e07d46efc0b7049 einstein-brain-jar-harvey-thomas einsteinbrain5

Sabiendo que nuevamente estaba en peligro su reputación y también su carrera, desapareció y no se supo de él durante mucho tiempo. En 1978 el periodista Steven Levy lo localizó y publicó una entrevista. Cuarenta años después, otro periodista,  Michael Paterniti volvió a encontrarlo viviendo en un pequeño apartamento de Kansas, durmiendo en una cama plegable y conservando el cerebro… en un frasco que guardaba en la cocina. Se había convertido en su obsesión.  Convenció al anciano patólogo de devolver el cerebro y juntos viajaron durante casi 5.000 kilómetros hasta California en un viejo Buick con el órgano en el baúl, cruzando Estados Unidos de costa a costa.  Esta historia fue relatada en el libro “Viajando con Mr. Albert” escrita tiempo después por el periodista.

El cerebro fue devuelto a la nieta de Einstein, Evelyn,  y asi Harvey, ya muy anciano, pudo volver a una existencia normal.  Ese órgano había sido su idea fija durante más de la mitad de su vida, y aunque nunca se sepa a ciencia cierta porque hizo lo que hizo, posiblemente pueda entenderse que el afán de este hombre era simplemente descubrir en ese cerebro la causa de tanta genialidad. Sin embargo, esa obsesión destrozó su vida y le costó su carrera. Aún así y tratando de comprender esta locura, esto ha permitido estudiar y descubrir algunos detalles importantes en la conformación del cerebro de tan noble científico.

Harvey murió a los 94 años en el Centro Medico de la Universidad de Princeton y sus herederos transfirieron todas sus participaciones, fotografías y estudios del famoso cerebro al Museo Nacional de Salud y Medicina de EEUU.

 

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *