El Pueblo Sirionó



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Mbia
significa “gente”. Con este nombre se conoce a un pueblo indìgena bautizado foráneamente como “Sirionó”, que habitan en los bosques de las tierras bajas de Bolivia. Fueron avistados por primera vez a fines del siglo XVII y actualmente sobreviven varias familias a las cuales, a partir de 1990 el gobierno boliviano les reconoció como tierras propias un territorio de 64.000 hectáreas.

Los sirionó ahora están mezclados con otras etnias pero han sido cazadores de arco y flecha y aunque la civilización ha llegado a sus tierras, muchos mantienen ciertas costumbres ancestrales muy curiosas. Cazan y se alimentan de monos, armadillos o caimanes, pescan tortugas de tierra y son grandes productores de miel que comercializan en la actualidad.  Los primos cruzados son parejas potenciales y se casan entre ellos viviendo luego con los padres de la mujer para los cuales caza y pesca el marido, proporcionando el alimento familiar.  La poligamia es común, sobre todo entre hermanas y las relaciones sexuales entre primos cruzados no está mal vista aun estando casados, aunque actualmente es más común la monogamia por la intervención de misioneros o de pueblos vecinos.  Mantener relaciones sexuales a la vista de todos no es vergonzoso, pero sin embargo no consideran de buena educación el que se los vea comer en público.

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Las mujeres, a los 10 o 12 años deben participar de un ritual de iniciación para poder casarse o tener relaciones sexuales. Para tal fin se internan en el bosque en forma grupal y por varios días son bañadas en río o arroyos para luego cortarles el pelo. Hasta que no les crece no pueden tener sexo con ningún varón y mientras tanto deben trabajar en labores femeninas.  Cuando nace el primer hijo el padre debe cortar el cordón y el nombre del niño será el del primer animal que sea capturado por el progenitor.

En su idioma original June, quiere decir “hola”; oco significa “me voy” y tune es “comida”. Según el Centro para la Investigación y el Desarrollo del Beni, hay 700 sirionós que habitan en su territorio y unas cien familias más en la provincia Guarayos de Santa Cruz, Bella Vista y El Carmen. Un poco abandonados por las autoridades, los sirionós no tienen electricidad y siguen cocinando a leña. Sus casas siguen siendo edificadas con palos y paja u hojas de palmera de motacú y una vivienda se hace generalmente con el método conocido como “la minga”. Esta práctica que se conoce como “aymi” no es otra cosa que colaborar entre amigos o parientes sin retribución alguna más que la buena voluntad y apelando al “hoy por mí y mañana por ti”. Mientras unos cocinan y preparan el alimento y la chicha como bebida, otros levantan la vivienda.

Todos los integrantes de la comunidad tienen derecho al uso de las tierras y son libres para usarlas en beneficio comunitario.

Los sirionós, aún pobres y humildes, son una muestra de convivencia social a imitar, aunque muchas de sus costumbres puedan parecernos un tanto extrañas.

 

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