El Obelisco


obeliscoTodo comenzó en 1936, en Buenos Aires. Habían abierto un enorme hueco en pleno centro de la ciudad, por donde pasaría la gran avenida 9 de Julio. En el medio, justo en el cruce con la avenida Corrientes, se construyó la plaza de la República desde donde se alzaría el Obelisco, como símbolo del espíritu progresista de los años que corrían.

Las críticas comenzaron a volar en cuanto se anunció su construcción. Se cuestionó el dinero invertido en ese adefesio, decían, e incluso hubo denuncias y acusaciones por supuestos actos de corrupción. Así y todo se lo llamó al arquitecto Alberto Prebish para que resolviera con elegancia y espectacularidad el triple cruce de las avenidas más importantes de la capital. Paradojicamente fue la compañía inglesa Siemens, Bawnion, Geope, Green y Billinger  la responsable de su construcción en un tiempo record. Solo les llevó un mes y un día, con 150 obreros trabajando en dos turnos a un costo de 200.000 pesos moneda nacional de la época.

Por debajo del obelisco corren dos líneas de subterráneos superpuestas. Sobre ambos túneles forma la base una plataforma de hormigón armado de 20 metros de cada lado y un metro y medio de alto, que apoya en dos de sus costados sobre zapatas del mismo material. Su estructura visible tiene una altura de 67,5 metros, siete metros de ancho en la base, con un interior hueco que alberga una escalera marinera para acceder a su cúspide.

Cada ocho metros hay una losa con un agujero central, mediante el cual con una roldana podría subirse algún bulto necesario. El Obelisco tiene una puerta de entrada en su base y cuatro ventanas en su ápice. Está provisto de un pequeño pararrayos cuyos cables corren por el interior. Fue revestido en cemento armado, substituyendo las primeras losas de mármol a las que hubo que cambiar cuando algunas de ellas cayeron debido a deficiencias en su apresurada construcción.

Se inauguró oficialmente el 23 de mayo de 1936 a las tres de la tarde con la presencia del Presidente de la República, el General Agustin Justo y fue un homenaje al Cuarto Centenario de la Primera Fundación de Buenos Aires, recordando el lugar donde Don Pedro de Mendoza juró y apoyó su espada. Fue emplazado en el sitio exacto donde flameó por primera vez en la ciudad, la Bandera nacional, en lo que era hasta entonces la Iglesia de San Nicolás.

Tres años después de su fundación, el Concejo Deliberante sancionó la demolición del Obelisco por la Ordenanza 10.251 aduciendo razones económicas, estéticas y de seguridad. Sin embargo la ordenanza fue vetada por el Ejecutivo municipal, por considerarla carente de valor y contenido jurídico.  La imagen del Obelisco es, al igual que Carlos Gardel, el símbolo mayor de Buenos Aires.

Sin embargo, el zorzal criollo, tantas veces “fotografiado” a su lado, no alcanzó a conocerlo. Había muerto once meses antes de su inauguración.

 

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