Vagabundos sin Brújula


282842_578595668848594_8268975_nEn nuestro mundo hay graciosos e increíbles vagabundos incansables. Uno de ellos es el colibrí de garganta rubí, un pequeño pajarito que pesa apenas tres gramos pero que con su diminuto cuerpecillo llega a recorrer 3.200 kilómetros, desde el este de EEUU hasta Centroamérica.

Y eso es solamente para pasar el invierno.

Este largo viaje incluye mil kilómetros ininterrumpidos sobre el Golfo de México, lo que obliga a nuestro pequeño amigo a almacenar grandes reservas de néctar para sobrevivir en el intento.

Pero el colibrí no es el único que logra este tipo de proezas. Hay innumerables aves que atraviesan el planeta de norte a sur y viceversa, en sus largas migraciones.

Pero ¿Cómo se orientan?. Los biólogos han descubierto que no emplean un solo método, sino que utilizan varios recursos de navegación. Por ejemplo, utilizan como referencia, el espejo de agua los lagos, la corriente de los ríos, sierras, litorales y montañas.

Las aves tienen indicadores de posición relacionados con la orientación del Sol y muchas dependen de la observación de las estrellas por la noche. Si bien es un misterio, es muy posible que estas brújulas se activen mediante relojes internos, ajustados con base de percepción que el ave tiene del día y la noche, no sólo por la vista sino a través del cráneo.

Las aves, está demostrado, perciben los campos magnéticos del planeta. Al parecer, su brújula se ubica entre el cráneo y el cerebro, porque allí se encuentra una diminuta cadena de cristales magnéticos en las palomas, por ejemplo.

migracion

Se generan corrientes muy pequeñas en el sistema nervioso cuando el ave gira la cabeza en relación con el campo magnético del planeta. Y luego, su cerebro transforma las corrientes en direcciones de vuelo.

Otros métodos pueden ser la percepción de cambios de la presión barométrica, la interpretación de la forma de las olas en el mar y quizás hasta la variaciones de la fuerza gravitacional del planeta. Algunas aves marinas tienen el olfato y el gusto tan desarrollado que podrían usarlo para oler o saborear el agua de mar y orientarse en tiempos y distancias con respecto a la costa.

Lo cierto del caso es que hay muchas especies que salen de sus lugares de origen y emigran miles de kilómetros para llegar sin error alguno al lugar de destino. Mientras tanto, el ser más evolucionado del planeta, ha necesitado crear…el GPS.

Nuestro mundo azul sigue mostrando la vida como un fenómeno aún inexplicable.

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