Vicios en Venecia


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Una de las ciudades más visitadas del mundo es, sin dudas, Venecia.  Rodeada de canales, con sus viejas construcciones y sus gondoleros que pasean a los turistas, Venecia en el norte de Italia, parece ser un lugar para la foto.

Sin embargo, la historia de Venecia recorre momentos de trágica historia y de curiosa lujuria. Por ejemplo, en la Venecia del Siglo XVIII, los venecianos eran comunes visitantes de los ridotti, establecimientos que durante mucho tiempo se jugaba a un juego que era el vicio de moda.

En 1638, la República autorizó a Marco Dandolo a que abriera en su palacio de San Moisés, un ridotto.  Este está considerado como la primera sala de juegos de Europa, lo que hoy se conoce como casino.  Finamente decorado, los jugadores podían tomar chocolate, te o café o pasar a una sala especial donde se bebía vino con colaciones, queso, frutas o embutidos.  Dichas salas daban a diez salones donde se apostaba muy fuerte a las cartas, la bastea, el faraón o al sette e mezzo, todos juegos de azar donde se ganaban y perdían fortunas.  Los ridotti eran puntos neurálgicos en la sociedad del siglo XVIII, sobre todo en epocas del carnaval, espacios que Casanova frecuentaba y los consideraba el sitio perfecto para sus correrías y conquistas amorosas.
Venecia

Los apostadores debían presentarse con máscaras y los patricios con toga hacían las veces de croupiers. Las mujeres eran bienvenidas y podían llegar a cara descubierta si pertenecían a la nobleza.  Dice la historia que muchos tenían artrosis en las manos culpa de haber estado durante años, día y noche, barajando naipes.  A partir de esto nacieron los casinos finos, alrededor de la Plaza de San Marcos, donde también las mujeres anexan con el tiempo algunos servicios de placer.

La Venecia del siglo XVIII era una sociedad enloquecida. Se apostaba todo el día y sin limites éticos ni morales. Una noche de 1762, el Abad Grioni apostó toda su ropa a la ruleta, la perdió y volvió desnudo a su monasterio. El juego, las apuestas y los vicios comenzaron a multiplicarse y se cuenta que monjas con perlas y vestidos escotados luchaban entre sí por el honor de servir como amantes a un nuncio papal. Era tal el descontrol que se vivió durante casi un siglo que se consideraba una deshonra para la mujer casada con un patricio el no tener un cicisbeo , una combinación de amante sexual y gentilhombre de servicio.images (13)

Tanto fue el vicio y el dinero que se derrochaba que en 1774 se decidió cerrar los ridotto, habida cuenta que eran ya demasiado los venecianos que vagaban por las calles, totalmente arruinados. No solamente gente común, sino también príncipes y reyes, habían dilapidado propiedades, territorios y herencias.

Es difícil imaginar todo esto, cuando se camina por las bellas calles de la Venecia actual.

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