Viajero del Tiempo


 rudolf-copiaCorría el año 1950. Una calurosa noche de junio en Nueva York, es aprovechada por mucha gente para caminar por la zona del Times Square y divertirse con las atracciones de la gran ciudad.

 

Todo parecía suceder con normalidad, hasta que un hecho insólito rompe aquel clima de esparcimiento.

Un extraño hombre sale de entre la multitud y camina con la mirada perdida, totalmente aturdido, sin notar el peligro de cruzar las grandes avenidas con un tránsito pesado. Y sucede lo que pocos imaginaban segundos antes.  El caballero es atropellado violentamente por un auto, cae pesadamente sobre el pavimento y fallece en forma instantánea. Se produce un griterío, escenas de asombro y gente que corre. Llegan los paramédicos y luego la policía. Tratan de identificar a aquel desconocido que pareciera disfrazado para un baile de antigüedades. Labran un acta, llaman al forense, informan a la prensa.

El accidentado lleva puesto un saco largo de gruesa tela, muy inapropiado para los días del calor neoyorquino, un chaleco impecable, sombrero de ala ancha y gruesos zapatos con hebillas, muy similares a los que se usaban cien años atrás. Parecía un suicida excéntrico.  Las autoridades revisan sus bolsillos y encuentran una carta fechada en 1876, algunos billetes, varias monedas que ya están fuera de circulación y una tarjeta con su nombre: se llamaba Rudolf Fenz.

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Inmediatamente se trató de localizar a sus familiares, pero no existía ese apellido en Nueva York. Nadie vivía con ese nombre, no consiguen ni dirección ni teléfono, ni registro alguno que diera con el muerto en todo el país. Se dirigen a inmigración, llaman a embajadas y consulados pero el hombre no aparece.

No se logró absolutamente nada, hasta que casi por casualidad el detective Hubert Rhin, logró ubicar un homónimo en una vieja guía telefónica de 1939. Los investigadores llamaron y fueron atendidos por la viuda de un tal Rudolf  Fenz juniors, que no era otro que el hijo del hombre atropellado. Y en este punto se agrandó el misterio. La mujer relató que su suegro había desaparecido sin dejar rastros una noche de 1876, cuando salió a caminar mientras fumaba un cigarro tal como siempre acostumbraba. Literalmente se desvaneció en el aire y jamás se lo volvió a ver… A esta altura de los acontecimientos, la policía y los investigadores dieron de bruces con un asunto demasiado misterioso.

Estos datos fueron investigados en publicaciones de la época y se logró ubicar una vieja fotografía de 1876 donde se veía a un hombre idéntico al atropellado en Nueva York. Misma cara, mismo cuerpo e idéntica vestimenta. A partir de allí comenzó la leyenda de Rudolf Fenz, el viajero del tiempo que saltó más de setenta años hacia el futuro y murió trágicamente, desorientado y aturdido en una avenida neoyorquina.

La historia se convirtió en un clásico de los relatos de “crononautas”, pero no pasó de ser… un maravilloso cuento nacido de la imaginación de un autor de ficción.

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El escritor Chris Aubeck dedicó meses a la investigación de este caso, hasta que finalmente logró desentrañar la novela. La versión, donde se ligaba el viaje en el tiempo con la presencia de extraterrestres, fue publicada en varios libros a partir de 1960, los cuales se apoyaban unos a otros, citando fuentes que muchas veces se repetían llegando incluso a ser repetidos por autores serios y bien intencionados. Hasta que se llegó a conseguir la versión original, que no había sido otra que una nota escrita por un tal Ralph Holland en una revista llamada Collier´s, donde en la década del 50 relataba este suceso. Este hombre nacido en 1899, periodista y escritor de ciencia ficción, había publicado varios cuentos en su propia revista Science Fiction Review, basando su relato del viajero del tiempo en otro cuento del autor Jack Finney, que lo había publicado en 1951.

De allí a hacerse popular y ser repetido hasta el hartazgo en varios países, incluso con detalles increíbles y a veces cambiando levemente los apellidos, no pasó mucho.

Tanto se repitió que terminó convirtiéndose en una realidad jamás probada, pero…lo cierto del caso es que el hombre que viajó en el tiempo, jamás existió.

 

Jack Finney

Jack Finney

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