Vladimir Komarov


Vladimir Komarov

Vladimir Komarov

La historia de los vuelos espaciales está llena de episodios dolorosos, heroicos y siniestros. Ni Rusia ni Estados Unidos han quedado exentos de momentos crueles, muertes injustas y capítulos extraños enmarcados dentro de la carrera espacial.

En 1967 se vivió una de estas tragedias. Rusia, en plena guerra fría, había puesto al primer hombre en el espacio y estaba ganando la pulseada contra EEUU. Efectivamente fue Yuri Gagarin, quien en abril de 1961, tuvo el privilegio de inaugurar una vuelta al mundo en el espacio a bordo de la Vostok I y convertirse en un héroe mundial.

Habían pasado apenas seis años cuando el presidente ruso Lenoid Brezhnev se empecinó en celebrar los 50 años de la revolución con un nuevo éxito aeroespacial. Se trataba de poner una nave con un hombre en el espacio y al dia siguiente lanzar una segunda con dos cosmonautas para ser recogidos por el primero y regresar los tres juntos a la Tierra. Sin dudas, una muestra de poder y un acto de vanidad política.

El día elegido fue el 23 de abril de 1967. La nave primera fue la Soyuz I y el único tripulante sería Vladimir Komarov, un joven piloto de 40 años.  Este hombre era íntimo amigo de Yuri Gagarin, con el cual compartía muchos momentos de cacería, alegrías, paseos en familia y buenos tragos. Y era justamente Gagarin, por aquel entonces un hombre muy famoso, el que sería su cosmonauta de reemplazo por si surgía algún problema que impidiera subir a bordo a Komarov.

Gagarin y Komarov

Gagarin y Komarov

Komarov entrenando

Komarov entrenando

Vladimir Komarov

Vladimir Komarov

Gagarin y Komarov durante una jornada de caza meses antes del vuelo.

Gagarin y Komarov durante una jornada de caza meses antes del vuelo.

Sin embargo no todo andaba bien. Tanto Komarov como Gagarin sabían que la Soyuz tenía muchos problemas estructurales, la misión era un apuro y la nave no estaba en condiciones de soportar las exigencias. Cuando se inspeccionó el aparato, que a comparación de los satélites modernos, era apenas un juguete volador, se le encontraron 203 problemas que atentaban contra un buen final. Era extremadamente peligroso llevarla al espacio.

En el libro “Starman” (Jamie Doran y Piers Bizony) se cuenta en base a revelaciones de un oficial de la KGB, Venyamin Ivanovich Russayev, que Komarov sabía perfectamente que la misión era suicida, pero que aún así eligió volar para que su amigo Gagarin no subiera en su reemplazo y Rusia perdiera a un héroe nacional.

En aquella Rusia del régimen comunista y de valores altamente severos, el problema era informarle a Brezhnev de la suspensión del vuelo y el consiguiente papelón internacional.  Yuri Gagarin redactó un memo de diez páginas sugiriendo que la misión fuese postergada y se lo entregó a Russayev, el oficial de la KGB, pero nadie se atrevió a hacerlo llegar a manos del presidente. Todos los agentes que estuvieron en conocimiento del peligro que tenía la misión y que habían leído el documento, fueron degradados o mandados a Siberia. Eran tiempos de una Rusia feroz.

Vladimir Komarov subió a la nave sabiendo que no volvería. Sin embargo estaba salvando a su amigo Yuri Gagarin que hubiese sido obligado a subir si él se negaba. El día del lanzamiento, un periodista ruso, Yaroslav Golovanov, informó que Gagarin se presentó intempestivamente en el lugar de lanzamiento y exigió ser puesto en un traje espacial, aunque nadie esperaba que él vuele. Golovanov llama este comportamiento “un capricho repentino”, aunque después comprendió, dice, que Gagarin estaba haciendo lo propio tratando también de salvar a su amigo, creyendo que el régimen ruso no iba a arriesgar su vida. Pese a todo, la Soyuz abandonó la Tierra con Komarov a bordo.

Restos de la nave

Restos de la nave

Restos de la nave

Restos de la nave

Salió al espacio el 23 de abril y permaneció allí durante un día, dos horas, 47 minutos y algunos segundos. Comenzó a fallar apenas despegó. El panel solar izquierdo no se abrió, lo que produjo una gran merma de la energía disponible para la Soyuz 1. El incorrecto despliegue, la asimetría provocada y la merma de electricidad conllevaron múltiples problemas en los sistemas de control térmico, control de altitud, sensores de posición de estrellas y sol y comunicaciones. Los fallos hacían difícil el gobierno de la nave, haciéndola incapaz de ejecutar maniobras. Komarov intentó desplegar el panel mediante un dispositivo de emergencia que se accionaba a patadas, pero esto tampoco dio resultado. Los fallos fueron claramente mencionados por el propio cosmonauta en sus comunicaciones con tierra. En su segunda órbita, Komarov exclamó “maldita máquina, ¡nada de lo que hago funciona!“. La potencia no era la suficiente y se tornó innavegable y dificil de controlar. Por esa razón fue suspendido el lanzamiento de la segunda nave y las chances de Komarov de regresar con vida eran practicamente nulas.

Jerarcas rusos ante los restos carbonizados del cosmonauta

Jerarcas rusos ante los restos carbonizados del cosmonauta

Valentina Komarov, la viuda del cosmonauta soviético Vladimir Komarov, besa a una fotografía de su marido muerto durante su funeral oficial, celebrada en la Plaza Roja de Moscú el 26 de abril 1967.

Valentina Komarov, la viuda del cosmonauta soviético Vladimir Komarov, besa a una fotografía de su marido muerto durante su funeral oficial, celebrada en la Plaza Roja de Moscú el 26 de abril 1967.

Durante todo el vuelo, la Inteligencia americana estaba escuchando desde una base ubicada en Estambul.  Informes posteriores indicaron que sabían que algo andaba mal aunque era difícultoso distinguir las palabras del cosmonauta, pero entendían que Komarov le reclamaba a sus superiores este acto suicida. Komarov también habló con su esposa y se despidió. Luego lo hizo con el primer ministro Alexei Kosygin que lo describió como héroe nacional, mientras lloraba.

Cuando la cápsula comenzó su descenso, los escuchas oyeron cómo con gritos de rabia Vladimir anunciaba que la temperatura iba en ascenso.  Parte del compartimiento de los paracaídas, expuesto al calor generado, se fundió. Al término de la maniobra se abrió el paracaídas guía, sin embargo, debido a un fallo de diseño, éste no ejerció suficiente fuerza para arrastrar al paracaídas principal. Komarov intentó abrir el de reserva, pero éste se enredó sobre el paracaídas guía. Sin posibilidad de frenar, la Soyuz 1 se estrelló a más de 200 km/h, matando a su único ocupante y quedando completamente destrozada. El 26 de abril, Komarov fue enterrado con todos los honores en la muralla del Kremlim. Unos días después, un grupo de jóvenes que fueron a homenajear al héroe caído en su lugar del accidente, encontraron más restos del cosmonauta carbonizado y decidieron un segundo sepelio. 

Vladimir Komarov murió injustamente y su amigo Yuri Gagarin se sintió culpable de ese desenlace durante el año que lo sobrevivió, ya que él también murió tragicamente al estrellarse a bordo de un MIG-15 en un vuelo rutinario, apenas once meses y tres días después de la muerte de su compañero…

Los amigos se fueron casi juntos. La historia de la conquista del espacio comenzaba a escribirse duramente.

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